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domingo, 5 de junio de 2022

Negociación y Tareas Opositoras Parte 1.Ismael Pérez Vigil. Politólogo

 



Negociación y Tareas Opositoras

Parte 1


  La oposición democrática ha decidido, sabiamente en mi opinión, participar en las elecciones presidenciales de 2024 y a través de la Plataforma Unitaria, presentar un candidato que será seleccionado mediante un proceso de elecciones primarias, a llevarse a cabo en 2023, que ojalá fuera este mismo año.

 Llegar a esas primarias y a la elección presidencial, en la actual coyuntura política, no es un tema trivial, tiene varias complejidades estratégicas, donde paradójicamente la elección del candidato es lo más simple. Llegar −con alguna probabilidad de triunfo− supone desarrollar una estrategia que permita fortalecer a la oposición y garantizar que esas elecciones reúnan mínimas condiciones para participar y que se respeten sus resultados, en caso de triunfo.

 En mi opinión, la estrategia opositora, en lo inmediato, supone dos cosas: lograr un proceso de negociación con el régimen y preparar una estrategia electoral; veamos primero el tema de la negociación y lo que eso supone. Para ello voy a resumir lo que plantee la semana pasada (https://bit.ly/3lQXNHv)  que me servirá de contexto, para evaluar el tema de la preparación para las elecciones de 2024. Disculpen lo repetitivo, sé que es un trago amargo, pero precisamente por eso hay que insistir, las veces que sea necesario, para que se vaya asimilando.

 “Lo que, probablemente, vendrá: unas negociaciones, donde la oposición, con la anuencia de USA, tendrá que aceptar el levantamiento de las sanciones personales y la concesión de inmunidad, al estilo de Chile con Pinochet…[porque] esas sanciones fueron creadas, para luego ser negociadas”; yo no lo dije de esa manera en mí ya referido artículo; esa es la interpretación de un amigo con respecto al mismo; pero lo pude haber dicho así, exactamente así, porque creo que esa interpretación es correcta.

 Lo que no sé y lo que sé.

 No sé si se reanudará la negociación suspendida en México, mediada por el Reino de Noruega, pues se dice que hay algún reparo, no oficial, por parte del régimen; tampoco sé si esa negociación será inmediata; pero, hay cosas que sí las sé:

 - La primera y más importante es que sé que de este mal paso en la vida republicana de Venezuela, solo saldremos después de una negociación, en México o donde sea y con la mediación de quien sea: Noruega, El Vaticano, un grupo ad hoc de países, etc.

 - Sé que dicha negociación inevitablemente nos llevará a un proceso electoral, que deberá ser supervisado internacionalmente, ojalá que respaldado por una vigorosa fuerza interna opositora y −seguramente− con apoyo de la amenaza de represalias internacionales contra el régimen y sus funcionarios, si no se celebran elecciones libres y si no se respetan los resultados; sin eso cualquier negociación perderá sentido.

 - Otras cosas que sé, es que no habrá una “graciosa” renuncia de este régimen al poder que de modo omnímodo ejerce, pues, precisamente, con todo el poder y recursos que maneja, no lo entregará, ni se dejará conducir mansamente a la cárcel a pagar sus culpas, como algunos piensan.

 - Sé también, y lo que está ocurriendo en Ucrania me lo confirma, que no habrá una intervención armada, militar, externa, en Venezuela que venga a poner “orden” en el país y a restablecernos la democracia;

 - También sé que, al menos por el momento, no tenemos la fuerza interna que debilite al bloque político-militar, hegemónico, en el poder y lo obligue a sentarse a negociar su salida.

 - Pero sé que en toda negociación hay que llegar a acuerdos; es decir, habrá que ceder, probablemente, en levantar sanciones personales, pues entre otras cosas, al régimen lo tiene sin cuidado las sanciones generales, económicas, por más que digan que son la causa de todos nuestros males y también lo tiene sin cuidado si afectan al pueblo; lo único que le preocupa son las sanciones personales que les impiden o podrían impedir a ellos, sus amigos y familiares, viajar por el mundo, adquiriendo propiedades y disfrutando de sus fortunas; el levantamiento de las sanciones personales, probablemente, será la solicitud del régimen, para ellos a cambio ceder en la realización de elecciones justas y libres

 - Y, por último, como también sé que al final habrá un proceso electoral, cuanto antes nos montemos en ese esquema y empecemos a discutir sus consecuencias y posibilidades, mejor será; así nos podremos dedicar a organizar ese proceso y estar en condiciones de preparar estrategias alternativas.

Reflexión necesaria.

 Ese es, en el fondo, el planteamiento de mi artículo de la semana pasada: Ponernos a reflexionar en torno a ese tema, para romper el fangoso marasmo en el que nos encontramos, de críticas a todo, a los partidos, al gobierno interino, a los líderes opositores, al proceso unitario, a la decisión organizativa de la llamada Plataforma Unitaria, al tema de si realizar o no primarias y de qué manera, etc.

 Seguramente muchos se rasgarán las vestiduras ante esta perspectiva, ¡“Negociar”, que horror!; algunos hasta la consideran una “mala palabra” y se aferran a unos “principios” que, vista la realidad que tenemos, no pasan de ser “principios abstractos” de un orden que no existe, para un país que solo está en la mente de unos pocos, que lo recubren de filosofía, de argumentos morales y éticos, de sentimentalismo, pero en el fondo, no es más que una disipación de la realidad, como dicen los versos de Andrés Eloy Blanco: “…vapores de la fantasía / son ficciones que a veces dan a lo inaccesible / una proximidad de lejanía”.

 Cerradas muchas de las fantasiosas vías, la electoral es la vía natural que nos va quedando y a ella se debe llegar tras una negociación.

Negociar, no conceder, no celebrar.

 Tomar la decisión de negociar y estar conscientes de que es un paso ineludible y necesario, no implica adelantarse a hacer concesiones en discusiones públicas, por la prensa o redes sociales, guardemos eso para la mesa de negociación. Mucho menos implica adoptar el lenguaje del régimen, su agenda de discusión y de “justificación” y “disculpas” por haber llevado al país a la ruina. En otras palabras, asumir la decisión de negociar y reconocer que hay una “mejoría” en indicadores económicos en el país, no implica “celebrarle” al régimen la supuesta apertura económica −aun cuando, repito, algunos indicadores de “mejoría” sean reales−; mientras esa “mejoría” solo alcance a un porcentaje ínfimo de la población y más del 85% del país siga sumido en la miseria, sin servicios públicos, sin seguridad social, ni personal, sin hospitales, sin empleo, etc. la tal “mejoría” es solo una efímera ilusión.

 No celebrar tampoco significa que vamos a hacernos los ciegos con algunas de las transformaciones que se producen; por el contrario, vamos a exigir que se continue en esa línea de acción. No celebrar no significa que los empresarios dejen pasar oportunidades y sus gremios se desgasten enfrentando al gobierno como si fueran partidos políticos opositores. No celebrar tampoco implica que el pueblo deje de estar atento a los cambios que lo favorezcan, ni dejar de aprovechar los que alivien o le traigan cierto bienestar. Significa que eso no nos va a adormecer en el objetivo fundamental de salir de este régimen de oprobio.

 Desde luego que tampoco implica celebrarle al régimen actos “magnánimos” con respecto a unos pocos presos políticos, mientras mantenga cientos en las cárceles y continue la persecución de los líderes opositores.

 Tampoco hay que obnubilarse o engañarse con sus llamados de “amplitud” de incorporar en las negociaciones a la “oposición” que ha “domesticado”, mientras mantiene el secuestro de los legítimos partidos de oposición, sus símbolos y el desconocimiento “judicial” de sus genuinas autoridades.

 También debemos recordar, antes de celebrar, que ahora el régimen pretende aprobar en su “asamblea nacional” leyes para esquilmar los recursos de las oenegés e intimidar a sus dirigentes, aliados y controlar el aporte internacional de los recursos para ayuda humanitaria o hacerla pasar como una “obra” suya, práctica que ya ha desarrollado otras veces.

 Este es el contexto en el cual hay que evaluar las tareas que tiene por delante la oposición democrática −ante la inminente elección presidencial del 2024, o antes− y que desarrollaré la próxima semana.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 29 de mayo de 2022

Negociación en Puerta. Ismael Pérez Vigil . Politólogo

 


Negociación en Puerta

  El gobierno y la oposición democrática han acordado, finalmente, reanudar las negociaciones suspendidas hace tiempo, para ver cómo se logra una salida a la profunda crisis política y humanitaria que agobia al país. Pongamos en contexto la situación para analizar las opciones de negociación.

El poder del gobierno

 No hace falta describir lo que todos sabemos bien, como el gobierno −autoritario, por decir lo menos− controla el poder y los recursos, cada vez más escasos, pero suficientes para continuar su despilfarro y los “negocios”, internos y con sus socios externos. No es la popularidad, de la cual hoy carece, sino el monopolio absoluto de la fuerza −a través de la fuerza armada, que lo apoya incondicionalmente− y toda la capacidad represiva del Estado, lo que le permiten ejercer ese control sobre territorio y recursos, de manera total y absoluta. No hay ningún resquicio… aparentemente.

Situación de la oposición.

 Por su parte la oposición, aunque dividida, fragmentada, que permanece en profundas y amargas disputas internas, uno de sus sectores, el mayoritario, tras largo y hermético silencio, se ha puesto de acuerdo para conformar una estructura de coordinación y una fórmula, aun no muy bien definida, para seleccionar mediante unas primarias su candidato para el próximo proceso electoral en el 2024, o antes. No hace falta recordar que se trata de una oposición inerme, pues no cuenta con ninguna fuerza física y su capacidad de movilización popular ha mermado considerablemente; sin embargo, hay que recordar que en condiciones similares en el pasado, ha logrado algunos triunfos sobre el régimen autoritario y −muy importante− reconocimiento y apoyo externo para la imposición de sanciones al régimen, por parte de la comunidad internacional; sanciones cuestionadas por ineficientes y que algunos sectores solicitan que se eliminen pues estarían afectando a la población inocente del país; pero, es lo único que ha servido para contener algo los desmanes del gobierno y obligarlo a llegar a una negociación.

Los ciudadanos.

 Un gran porcentaje de los ciudadanos del país −más del 80% − sumidos en la pobreza, se han mantenido al margen de los últimos procesos electorales y muestran poco o ningún entusiasmo por la actividad política. Se supone que es porque están ocupados y concentrados en sobrevivir, aunque nadie que se sepa ha investigado eso; más bien creo que esto es en parte el resultado de varias décadas de prédica antipolítica y anti partidos, acentuada por la intimidación del régimen y una intensa campaña en contra del valor del voto y la eficiencia de los procesos electorales para resolver los problemas del país.

 En el contexto descrito, nada halagüeño, es que se produce el anuncio de que el régimen y la oposición democrática exploran las posibilidades de continuar la negociación suspendida; ahora, a pesar del anuncio de la disposición a negociar, el régimen horada las bases de la misma, solicitando se admita como representante a Alex Saab, preso por delito en los EEUU −recordemos que la vez pasada la negociación se suspendió por esa absurda demanda del gobierno, que además fue quien se levantó de la mesa− y cuestionando también a los mediadores, el Reino de Noruega; de manera que, de llegar a concretarse el acuerdo para negociar, la pregunta obvia es: ¿Qué se va a negociar? ¿Cuál es el objetivo de la negociación?

Objetivos de la negociación.

 Para un sector opositor, radical, el objetivo escueto y único no puede ser otro que encontrar una fórmula para que el actual gobierno deje el poder, se retire sin más, como condición previa para cualquier otra cosa y para reorganizar la vida democrática del país.

 Otro sector, más moderado, piensa que lo anterior no es realista y opinan que se debe buscar de común acuerdo una transición electoral, pacífica, a la democracia, detener las violaciones de los derechos humanos, los atentados contra las libertades públicas y, mientras tanto, buscar alternativas para aliviar el sufrimiento popular.

 A un sector, más conforme, resignado o menos osado, le basta con que se logre alguna flexibilización económica y política del gobierno, que atraiga algo de inversión, que mejore la situación económica, para así aliviar la profunda crisis humanitaria que agobia al país.

 Pero, definir el o los objetivos de la negociación, aunque no es fácil, es lo menos problemático porque la verdadera dificultad reside en: ¿Qué es lo que va a ceder en la negociación cada una de las partes? Dicho más claramente: ¿Cómo el régimen gobernante, con todo el poder que tiene, lo va a abandonar sin más, para entregárselo a una oposición que no tiene fuerza para obligarlo a ello o poco que ofrecer a cambio, como no sea levantar unas sanciones que no dependen de su decisión?

Opciones de salida.

 En cualquier caso, la solución de la crisis humanitaria y económica que ha arruinado al país pasa por una salida del actual régimen; sea que en un acto incomprensible y poco probable abandone el poder, voluntariamente; sea porque se desarrolle un proceso electoral libre, bajo supervisión internacional, que, según todas las encuestas perdería el gobierno; o bien sea porque algún acontecimiento político, hoy impensable, como una revuelta o insurrección popular, incline la balanza y el apoyo de la fuerza armada en su contra y lo obligue a dejar el poder. Estas son las opciones que algunos vislumbran como salida, pues lo que es también cierto, que se ha demostrado en el tiempo y ahora con la guerra de Putin contra Ucrania, es que la comunidad internacional −la misma que apoya a la oposición democrática− no pasará de establecer sanciones y cualquier opción militar que implique una fuerza externa o invasión, para resolver los problemas políticos y humanitarios de cualquier país, está descartada.

Los mitos en el país.

 Lo más difícil de esta situación es que flota en el ambiente, desde hace muchos años, una especie de pensamiento “mágico”, ingenuo −y hasta oportunista−, por parte de algunos grupos radicales, sus asesores e influyentes en la opinión pública, que −al considerar la situación del país y las posibles salidas− han desarrollado algunos mitos. Uno de ellos es que al gobierno autoritario le interesa que eliminen las sanciones económicas −“que afectan al pueblo”, según dice el gobierno y repiten a coro algunos opositores−, como si el bienestar del pueblo fuera realmente una preocupación del gobierno; en realidad al régimen las sanciones que lo afectan y preocupan son las sanciones personales contra sus funcionarios, mismas que todos los opositores afirman que se deben mantener.

 Otro mito de algunos sectores opositores, a sabiendas que no hay disponible una fuerza física, ni interna ni externa, para forzar al régimen a retirarse −posiblemente solo para lograr unas condiciones electorales, como ya ha ocurrido en el pasado−, piensa y plantea con aparente seriedad y convicción, que el régimen debe ceder el poder, dándose golpes de pecho, admitiendo los errores cometidos, las violaciones de DDHH de las que se les acusa, devolviendo los recursos del país de los que se ha apropiado y mansamente se dejarán esposar y conducir a la cárcel, a purgar sus delitos; o en el mejor de los casos, en un arrebato de fiereza y ante un descuido, escaparán a un exilio forzado, pero sin la posibilidad de desplazarse libremente por el mundo, por el temor a ser atrapados en cualquier aeropuerto y juzgados en algún país desarrollado o por algún tribunal internacional.

Conclusiones.

 Pero algo ocurre en el país, porque resulta incomprensible que un régimen con el poder omnímodo que muestra el actual, sin embargo, da pasos −aunque inciertos− en dirección a una negociación; posiblemente las razones que lo animan son buscar reconocimiento internacional e insistir en que se le eliminen sanciones, aunque sabemos que son las personales las que quiere eliminar, cosa que es más difícil. Lo cierto es que aun con su supuesta “debilidad” la oposición ha logrado, en varias oportunidades, llevar al régimen a la mesa de negociación.

 Paradójicamente, lo cierto, si vemos el escenario actual, es que la oposición democrática tiene todo por ganar y poco que ceder, que ya no haya cedido o le haya sido arrebatado: Democracia, instituciones políticas, partidos, libertad de asociación y de expresión, libertad de sus líderes, y un largo etcétera. Sin duda es el gobierno el que tiene todo por perder: El poder y con él, el usufructo de la riqueza del país. Lo que no parecen haber percibido los habitantes y líderes opositores es que resulta obvio que el régimen, si no recibe nada a cambio, se puede y va a mantener en el poder, como la ha hecho hasta ahora, pues tiene fuerza, recursos y también cuenta con cierto apoyo internacional. Esos factores no los podemos perder de vista.

 Por lo tanto, quien tiene tanto que perder, ¿Qué pedirá a cambio de dejar el poder, frente a una oposición que no tiene fuerza, real, para desalojarlo del mismo y muy poco que ofrecer? Obviamente pedirá inmunidad. Inmunidad para poder disfrutar, en el país o en el exterior, de los bienes mal habidos. Esto, que no debería sorprender a nadie, sorprende a muchos y es un tema que no podemos seguir ignorando, sobe el que debemos abrir una amplia y profunda discusión.

 Los habitantes del país, sobre todo la oposición, debe tomar conciencia de que no hay manera de salir de esta crisis, sin tragar algunos sapos crudos a través de una negociación, ¿Lo tendrán claro sus líderes, especialmente los más radicales?; estos últimos, afortunadamente −aunque ruidosos y muy activos en redes sociales− son minoritarios.

 Sin fuerza física, con capacidad de movilización mermada, los habitantes y fuerzas políticas democráticas, que ya han tenido triunfos electorales importantes −única vía posible en este momento para enfrentar regímenes como el que gobierna el país− lo que deben es recuperar la fuerza interna, además de la externa con la que cuentan, que permita hacer respetar esos triunfos. Ese es el reto.

 

 https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 


viernes, 27 de mayo de 2022

ASOSABER. Foro Chat. Caracas, Que ha pasado con Nuestros Símbolos?.

 


En AsoSaber promovemos la participación activa de los ciudadanos, que ellos defiendan sus derechos y cumplan sus deberes como ciudadanos integrantes de una población, conociendo las decisiones tomadas por el Estado. En busca de la democracia y el derecho a la libre expresión, realizamos un Foro Chat vía WhatsApp en alianza con Caracas Ciudad Plural y la ONG Monitor Ciudad, con el Ex Concejal del Municipio Libertador Jesús Armas, acerca del cambio arbitrario de los Símbolos del Distrito Capital, que llamamos: “Caracas, ¿Qué ha pasado con nuestros símbolos?”.

Jesús Armas es un Ingeniero Industrial graduado en la Universidad Católica Andrés Bello, con maestría en Políticas Públicas en la Universidad de Bristol en Reino Unido, Ex Concejal de Caracas (2013-2018) y Director de Monitor Ciudad: un think tank que se encarga de recolectar datos y proponer soluciones para las ciudades de Venezuela. Tiene 4 años recolectando datos sobre las fallas de servicios públicos en 5 estados del país y ha generado conciencia. 

Comenzamos por mencionar que el Escudo de Caracas es el símbolo más longevo que existe en nuestro país ya que tiene más de 400 años, teniendo una profunda vinculación con la historia colonial de Venezuela, ¿por qué? Pues porque el escudo fue impulsado por el Procurador General de Venezuela que para ese entonces fue Simón Bolívar el viejo (5to abuelo del Libertador). Este escudo tiene una vinculación con el fundador de Caracas, Don Santiago de León; conservando la cruz de Santiago y sobre todo el León se ha convertido en parte de la identidad de los Caraqueños, estando presente en los distintos equipos deportivos, y en la simbología que se encuentra en partes de la ciudad. Y cabe destacar, que en más de 450 años ninguno de los gobiernos se había atrevido a modificar los símbolos de Caracas, hasta el día de hoy. Por otro lado, los demás símbolos son más recientes y prácticamente contemporáneos, así como lo es el Himno, que contiene palabras poderosas que se invita a leer y analizar su letra. Al igual, todos conocemos la bandera, Caracas está asociada al color rojo y eso simboliza la sangre derramada por los caraqueños en su lucha por la libertad y la independencia.

Jesús cuenta que, en su periodo como concejal, en el 2015 Jorge Rodríguez tuvo la pretensión de modificar los símbolos de Caracas, quería remover al león por los ojos y la boina de Hugo Chávez y además agregarle el “4F”, una lucha ardua apoyada por la opinión pública que detuvo la pretensión de modificar los símbolos para ese momento. Hasta que, las pretensiones se pudieron consumar, y ¿de qué manera la hicieron? El concejo municipal está compuesto por 13 concejales en los cuales sólo 2 son de oposición y utilizaron la mayoría abrumadora y el apoyo de la hoy Alcaldesa de Caracas Carmen Meléndez, aprobaron a espaldas de los caraqueños el cambio de éstos y fueron anunciados en una fecha tan importante para el país y sobre todo para Caracas, como lo es el 19 de abril. Aprobaron una nueva simbología en el cual colocan una imagen de unos aborígenes, acompañados del “rostro” de Simón Bolívar; cambiaron la letra del himno donde mencionan cosas dignas de olvidar como lo fue el “caracazo” y, por supuesto, cambiaron la bandera quitando el color rojo, removiendo el escudo, acabando con el león y colocando una suerte de simbología que pareciera ser El Ávila y además de ser simbologías que no representan en nada al ciudadano, parece ser algo que va más allá y tiene que ver con el tema que no respeta el diseño de lo que debería ser el escudo y la bandera para una ciudad.

¿Es legal el cambio de los símbolos? Realmente los símbolos se pueden cambiar, pero eso debe pasar por dos discusiones en el concejo municipal y por una consulta pública, lo cual claramente la consulta pública no se hizo porque sino los caraqueños hubiésemos rechazado esa simbología nueva y más allá de eso, se han planteado distintas iniciativas como lo es un referéndum a los ciudadanos para saber si los ciudadanos aceptaban o no ésta nueva simbología pero, la verdad es que no iba a ser factible por el Estado en el que vivíamos.

Cerrando con un llamado a la reflexión, haciendo énfasis en que los regímenes autoritarios siempre buscan imponer una falsa verdad, y de alguna manera mentirle al pueblo a través de una falsa narrativa y hasta usando la violencia para que ese discurso se quede en los ciudadanos y hacer creer esa falsa verdad. Y s por eso que han realizado distintos cambios, entre ellos el cambio de nombre del Ávila a Waraira Repano, la inclusión de la 8va estrella en la bandera, cambiar el nombre del Estado Vargas a Estado La Guaira, etc. Han intentado construir una nueva narrativa y de alguna manera, que los ciudadanos (sobre todo estas nuevas generaciones) crean que eso es la verdad, que no existía un país y que esto es lo mejor que le ha pasado a Venezuela, que por supuesto nosotros sabemos que no es así y que vivimos bajo un régimen dictatorial, que se sufre una crisis humanitaria, violaciones a los derechos humanos, tortura y asesinatos políticos.

Y frente a eso ¿Qué debemos hacer los ciudadanos? Debemos utilizar el único espacio que el Estado no puede ocupar por la violencia, y es el espacio de nuestra conciencia, mientras ellos intenten convencernos de que el aborigen y la cara de Simón Bolívar son el escudo de Caracas, nosotros debemos decir que no que el verdadero escudo de Caracas es el que promovió el 5to abuelo del Libertador, que es el León con la cruz de Santiago, mientras ellos intentan convencer que no estamos viviendo bajo una dictadura, nosotros debemos mantener siempre la verdad y manifestando que los servicios públicos son bastante deficientes, sin dejar que nos impongan una falsa verdad.




miércoles, 25 de mayo de 2022

Espacio Plural#49. Municipios vs. Comuna. Prof. Miguel González Marregot. Director de AC Gestión de Cambio



                                             Con Manfredo González y Gorka Carnevali

@rymgonzalez @gorkacarnevali

Todos los miércoles a las 5 pm

25 de Mayo

Municipios vs. Comuna

Invitado:
Prof. Miguel González Marregot
Director de AC Gestión de Cambio

Sintonice Sintonía 1420 AM