Scroll Bar
miércoles, 7 de septiembre de 2022
sábado, 13 de agosto de 2022
domingo, 3 de abril de 2022
Ismael Pérez Vigil . Politólogo
Unidad
Al evaluar la situación de la oposición democrática hemos hablado de una mesa con tres patas; esos tres elementos serian, para decirlo en términos convencionales: el líder, la organización y el programa con su discurso; pero, ¿Cuál es la “tabla” que sostienen esas tres patas? ¿Qué es lo que está en su parte superior, cuál es la plataforma en la que debe “aterrizar” o descansar todo? Sin duda es: la unidad. De eso volveremos a hablar hoy; y digo volveremos, porque ya lo hemos hecho varias veces.
Depende de la vía…
La importancia, o no, de la unidad de los factores políticos, dependerá de cuál sea la vía que se elija para salir de este oprobioso régimen. Si la vía, según algunos, es la insurreccional o la intervención de una fuerza de ocupación, obviamente no tiene ninguna importancia la unidad de los factores políticos internos, basta con la eficacia en la acción.
El problema siempre será la transición; como evitar que quienes cometieron delitos y además apoyaron al régimen depuesto logren imponerse nuevamente por la vía del voto. Como ocurrió en Nicaragua con el sanguinario régimen de Daniel Ortega.
Si la vía es buscar una salida electoral, que es la que aliento, nuevamente tendrá sentido e importancia la unidad, por lo menos al momento de un proceso electoral; obviamente solo entre los que crean en esa vía, o los que no la rechazan, pues no se va a lograr la unidad con los que plantean la abstención porque no creen en procesos electorales o con los que creen que la vía es la violencia insurreccional o una intervención externa.
Pero la unidad no solo tiene sentido para confrontar electoralmente al régimen, la tendrá sobre todo para sostener el apoyo interno e internacional, para mantener después al probable endeble gobierno de transición que surja de ese proceso electoral.
La electoral está garantizada…
Para lograr la unidad, en materia electoral, es necesario deponer egos personales y ambiciones, que esto no es muy difícil de lograr; desde el punto de vista electoral, ya hemos dicho (ver: El candidato y su elección, 12/02/2022, https://bit.ly/3HNRnlZ) que la unidad siempre ha estado garantizada por la actividad política de los partidos, expertos y especializados en alianzas electorales que es básicamente la actividad política a la que se han reducido en los últimos años; y si ellos no lo logran, de todas maneras el electorado lo hará, seleccionando una opción que considere que tiene las mejores posibilidades de derrotar al régimen, desechando las demás; así ha ocurrido en todas las elecciones presidenciales efectuadas en el país desde 1998.
Mas difícil es lograr la unidad en materia de objetivos y planes a más largo plazo, que supone dejar de lado doctrinas, ideologías, principios programáticos, etc. para los que aun los tienen y se miden por esos parámetros. En este caso tenemos de inestimable valor el ejemplo del Pacto de Punto Fijo, firmado el 31 de octubre de 1958, a los pocos meses del derrocamiento de Pérez Jiménez, entre Acción Democrática, Unión Republicana Democrática y COPEI, encabezados por sus lideres más representativos: Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera; no fue un pacto electoral, sino político, que le dio sustento a la naciente democracia a partir de 1958. Hoy tendríamos que ir más allá del Pacto de Puto Fijo, eminentemente político, aunque con alcances muy superiores a lo meramente partidista, para lograr uno que abarque también a muchos sectores sociales y factores económicos.
Como precondición...
Sin embargo, algo que abona a favor de superar cualquier dificultad es que la unidad, como concepto, como política, como objetivo, su búsqueda y su concreción, en mi opinión ya no es tema de discusión, es una precondición política. Quien lo olvide, pagará un alto precio, pues para los ciudadanos es el objetivo al cual deben sacrificarse todos los intereses partidistas y personales.
No importa que los partidos políticos cada vez se les vea más ansiosos por demostrar su presencia específica y su potencial propio, sus colores, sus banderas, sus consignas, pues en la práctica −sobre todo en lo electoral− son traspasados, rebasados e infiltrados por la multitud, dejando clara evidencia que somos muchos más los que no pertenecemos a ninguna parcialidad.
Como eje de estrategia…
Pero además, la participación electoral no es el eje de la estrategia, es apenas un medio, una forma de lucha −pues al tipo de régimen como el que nos mal gobierna desde hace 23 años, hay que combatirlo en todos los terrenos−; pero el eje de la estrategia es la unidad, que es la única estrategia de la oposición a la que teme el régimen, porque siempre ha sido lo único que le ha infringido alguna derrota; por eso la combate con todas las armas que puede desplegar, y en eso la “guerra sucia” juega un papel importante, pues el régimen sabe que esa estrategia es frágil en un mundo democrático y diverso, con tantas versiones y fisuras.
Es una verdadera tarea de filigrana armar una unidad opositora, incluso en lo electoral, después que por años se ha predicado la existencia de fraudes, trampas de todo tipo. Nadie niega la existencia de esas trampas y prácticas, pero no son la causa fundamental de las derrotas, como si lo han sido las políticas de abstención.
La abstención, apatía o desánimo electoral, se basan en que las actuales condiciones no garantizan una elección libre, justa, imparcial, competitiva, como todos la deseamos… o como si alguna vez hubieran existido plenamente esas condiciones; o como si durante la mayor parte de estos largos 23 años, que hemos participado de diversas maneras en procesos electorales, la mayor parte del tiempo no hubiera sido regidos por CNE nombrados por el régimen.
Como pacto político…
Además, la unidad con meros propósitos electorales no ha sido, no es, suficiente para derrotar a este oprobioso régimen y consolidar el regreso a la democracia; tenemos que comenzar a plantearnos la unidad desde un punto de vista de mayor eficacia política, con mayor alcance; una unidad que nos lleve a un “pacto político” de mayor envergadura, para la reconstrucción de un país derruido.
Garantizada como creo que está la unidad electoral, porque como he dicho siempre se logra, nos quedan las otras áreas en donde lograr transformaciones importantes: en las organizaciones políticas y la unidad de objetivos, estrategias y visión de largo plazo, para transformar el país. Sobre todo, en la articulación de un discurso, con una narrativa que mueva, que impulse, que convenza a las grandes mayorías del país y saque de la apatía a millones de venezolanos que no ven otra salida que la indiferencia frente a la política o huir del país.
El camino largo de la unidad…
No hay alternativa, hay que seguir el camino largo, el de reconstruir los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil; mejor dicho, iniciar ese camino que no se ha emprendido con verdadero ímpetu y por lo tanto se hace cada vez más largo. Ese, el de la reconstrucción de partidos y sociedad civil, es el camino que siguieron en otras partes: Chile, sin ir muy lejos, España, después de Franco, y un largo etcétera, en lo que todavía muchos están, como Ucrania, Albania y algunos países exsoviéticos y exyugoeslavos.
¿Es la vía electoral la que va a sacar a este régimen de oprobio del poder?
Posiblemente será una mezcla de cosas y presiones, pero lo electoral puede ser la antesala o la coronación del proceso, para la que hay que prepararse y es la única que nos permite, bajo las actuales condiciones políticas, hacer algo para organizar a la gente, para recorrer el país, con una cierta −solo cierta− seguridad. ¿Por qué despreciarla, por qué negarla? ¿Y para hacer, qué?
domingo, 13 de marzo de 2022
Ismael Pérez Vigil . Politólogo .
Hay cosas de las que es necesario hablar a pesar de que algunas personas no les gusta que se las mencionen. Son temas delicados, dada la polarización política extrema en la que nos desenvolvemos y que ahora también exacerba la visión que tenemos de la política norteamericana.
Al observar la discusión política de esta última semana, me viene a la mente una pregunta: ¿Cómo se resolvían las cosas en la “otra” Venezuela?; y la pregunta no es capciosa, porque aquí hubo otra Venezuela, una Venezuela que probablemente no conocen los menores de 30 años −más del 26% de la población−, que solo han vivido en el bochornoso régimen de oprobio, que se instaló en el país desde 1999.
En esa otra Venezuela vivíamos bajo un régimen democrático, imperfecto, pero democrático. Y había las instituciones propias de un régimen democrático; había división de poderes, con un poder ejecutivo encabezado por el Presidente de la República y su gabinete de ministros; había un poder legislativo con un Congreso de dos Cámaras, en donde había control político del gobierno, debates y discusiones políticas sobre todos los aspectos de la vida nacional; había un poder judicial encabezado por una Corte Suprema de Justicia en donde se controlaba la justicia del país y se tomaban decisiones que algunas veces afectaban a los demás poderes; por ejemplo, se enjuició y propició el allanamiento de la inmunidad parlamentaria a algunos diputados y senadores, e incluso se llegó a tomar la decisión de enjuiciar a un Presidente de la República en ejercicio y se precipitó su renuncia al cargo. Es decir, existía un régimen imperfecto, que en lo económico trataba de garantizar igualdad de oportunidades y en lo político ofrecía la posibilidad de luchar y alcanzar el poder, desde cualquier posición u opción, como se vio en la alternabilidad de la presidencia y hasta en el triunfo de quien llegó amenazando con destruir todo −y lo hizo−; un sistema que contaba con partidos políticos, aproximadamente los mismos que tenemos hoy en día, pero que llegaban a acuerdos, que pactaban, porque para eso son los partidos políticos, para luchar por el poder y además para defender y negociar los intereses que legítimamente representan, para llevar adelante sus objetivos e intereses de sus seguidores y aceptar que los otros, aunque queden en minoría, también puedan defender los suyos.
Esa es la otra Venezuela, que no es obviamente la sórdida que tenemos ahora y no es que la lloremos, porque como bien señalé tenía sus imperfecciones, algunas muy gruesas, pero funcionaba la política, cumplía su función regulatoria del poder y la de conseguir que se llegara a acuerdos para que todos pudieran expresar y defender sus intereses. En otras palabras, se negociaba, se establecían pactos entre los partidos políticos, para gobernar, o para regular y controlar a quien gobernaba, se pactaban en el Congreso el presupuesto, las leyes, las políticas, la composición de la Corte Suprema de Justicia, la designación de altos funcionarios, como el Fiscal General, el Contralor o la composición de los organismos electorales, etc.; sí, se pactaba, porque eso es la política: negociar, pactar. Negociar no es sinónimo de corrupción, de arreglo deshonesto, negociar es la esencia del ser humano que acepta sus limitaciones, que sabe que puede estar equivocado y sobre todo, que reconoce los derechos de los otros seres humanos.
Todo este largo rodeo viene a colación por lo que está ocurriendo en este momento en el país, donde todo se convierte en un escándalo y un exabrupto, donde cualquier intento de negociar es satanizado; cualquier intento de ponerse de acuerdo es visto como un acto de suprema corrupción. Tomemos el caso más reciente, el de un grupo de funcionarios norteamericanos que vinieron a reunirse con diferentes personas en el país, con Nicolás Maduro y algunos de sus funcionarios, con el presidente Guaidó y con representantes de los partidos políticos y obviamente hablaron de diversas cosas, de lo cual no se tiene mayores conocimientos o si se llegó o no a algunos acuerdos que, pues aún no ha trascendido mucho de lo que finalmente se acordó. Únicamente sabemos que tras la visita fueron liberados dos de seis gerentes de Citgo, presos injustamente desde hace tiempo, privados de sus derechos elementales de defensa, como todos los presos políticos del país, que son cientos. Tras la reunión, se produjo un comunicado del Gobierno Interino, explicando lo ocurrido y una declaración de Nicolás Maduro, en la que tras reconocer la reunión anunció su disposición de reanudar las negociaciones –cosa que por cierto ha dicho en varias oportunidades, sin que haya ocurrido nada− y se supone que en México, aunque eso no está muy claro; lo que sí manifestó fue su deseo de que se amplíe la composición de la delegación opositora en cualquier negociación.
Desde luego, la visita y la negociación que se llevó a cabo y los supuestos acuerdos a los que se llegó, fueron de inmediato satanizados y calificados con todo tipo de epítetos, tanto hacia los miembros de la oposición democrática, como hacia el gobierno de los EEUU.
Algunos han visto lo ocurrido con la visita, con bastante recelo; algunos lo ven con escepticismo, a otros les parece muy bien; pero, otros se han rasgado las vestiduras y algunos claramente han mentido acerca de la naturaleza de esta misión norteamericana, acerca de sus objetivos, acerca de lo que lograron y acerca del precio que tendrá que pagar la oposición venezolana, y el país en general, por los supuestos acuerdos a los que se llegó, aunque nadie sepa exactamente cuáles son. La opinión se ha formado sobre la base de elucubraciones y en algunos casos, sobre medias verdades o claras mentiras, con el objetivo político de desprestigiar más a la oposición democrática, al Gobierno Interino y a Juan Guaidó y en algunos casos al Gobierno de Biden.
Lo peor es que de nada sirve aclarar, pues ya hay una matriz de opinión formada, sobre la base de elucubraciones e información parcial; de nada sirve aclarar que quienes vinieron fueron: el Embajador Story, Juan González, director del Consejo de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental y Asesor Especial de la Casa Blanca para América Latina y al parecer, Roger Carstens, enviado presidencial especial para asuntos de rehenes −algo que no he podido confirmar, pues hay informaciones parciales−, pero en todo caso no había funcionarios de empresas petroleras; de nada sirve decir lo que explican los expertos petroleros −que sí conocen de la materia− que el régimen venezolano, ni reuniendo todo el petróleo que le sobra y lo que vende a Cuba, está en capacidad de cubrir esos 300 mil barriles sobre los que se especula, ni en la posibilidad de producirlos de manera inmediata o en el mediano plazo (Tampoco nadie explica porque los EEUU va a venir a buscar petróleo a un país con un gobierno hostil, enemigo declarado suyo, teniendo un vecino en el norte, Canadá, que le puede ofrecer todo el petróleo que necesite); de nada sirve decir que hasta el momento lo único concreto que se ha visto es la liberación de dos de seis presos por el caso Citgo (y que son una minucia en comparación con los más de 300 presos políticos que hay en el país) y que el gobierno de Maduro, una vez más, de tantas que lo ha hecho, dice que va a sentarse nuevamente a negociar; de nada sirve aclarar, como lo hizo la Subsecretaria de Estado, Victoria Nuland en el Congreso de los EEUU, que esta visita se coordinó desde Bogotá con la oposición con cuyos representantes se reunieron primero en Bogotá y luego aquí con Juan Guaidó; de nada sirve decir, como ha dicho el gobierno de Biden que no han comprado petróleo a Venezuela y que no tienen pensado hacerlo próximamente, etc.
Pero la verdad es que me ha parecido muy “característica” −y a la vez deprimente− toda la discusión y argumentación sobre la “visita” de la delegación norteamericana y que se reuniera con Nicolás Maduro. Si es verdad lo que se ha especulado −y sobre lo que algunos han mentido− que vinieron a: 1) negociar petróleo, 2) liberar a los presos de Citgo; o/y 3) presionar para que NM continúe negociando en México −una de las tres cosas o las tres cosas− ¿Por qué se sorprenden que se hayan reunido con Maduro?, ¿Con quién iban a hablar? ¿Quién les puede vender petróleo? ¿Quién tiene presos a los de Citgo y cientos de presos políticos más? ¿Quién es, sino Maduro, quien no quiere seguir negociando con la oposición?; y por último, de todas maneras, a los que no creen en Guaidó, ni en el Gobierno Interino, ni en el G4, ¿Qué les importa si la delegación norteamericana se reunió o no con ellos?
En resumen, lo que sabemos por fuentes distintas −prensa nacional e internacional, el gobierno de los EEU, el gobierno de Juan Guaidó y el gobierno de Nicolás Maduro− es:
- que un grupo de altos funcionarios norteamericanos hicieron una visita a Venezuela;
- que vinieron a tratar asuntos energéticos y otros temas, como parte del plan del gobierno norteamericano de aislar al gobierno de Putin;
- que la visita fue preparada hace tiempo en Bogotá y consultada con lideres de la oposición democrática, antes de realizarse;
- que se entrevistaron con Nicolás Maduro y funcionarios de su gobierno y con Juan Guaidó y miembros de la oposición venezolana;
- que después de la visita Nicolás Maduro liberó a dos de los seis rehenes o presos de Citgo que tiene en su poder y anunció su disposición a continuar negociando con la Plataforma Unitaria;
- que el Gobierno de Biden, tras la visita, anuncio que únicamente sigue reconociendo a Juan Guaidó como el legítimo Presidente de Venezuela; y
- que no ha comprado ni piensa por lo pronto comprar petróleo a Venezuela y tampoco levantar sanciones si no hay avances en las negociaciones en Venezuela entre el régimen de Maduro y la Plataforma Unitaria.
Claro, se bien que siempre habrá quien diga que nada de esto es cierto y que todo es para disimular.
A lo mejor es una ingenuidad de mi parte, seguramente lo es, pero, permítanme pensar fuera de la caja, como dicen los anglosajones: ¿Cabe la posibilidad de tener un pensamiento positivo acerca de la intención de la Administración Biden al reunirse con Nicolás Maduro? Por ejemplo, conocido el manifiesto interés de Maduro de negociar directo con los EEUU, tratar de reducir las sanciones y dado que fue él quien solicito esta reunión: ¿Es posible pensar que el Gobierno de Biden decidiera aprovechar la coyuntura para rescatar a los presos de Citgo, presionar a Maduro para que aceptara negociar en México, de una manera más flexible y se lograra unas elecciones libres?, ¿O ese pensamiento está negado, pues rinde mejores dividendos políticos, aquí y allá, afirmar que fue una negociación, a espaldas de la oposición? ¿Qué no fue más que una negociación de petróleo por sanciones y que todo lo demás −la liberación de los presos de Citgo, reanudar negociaciones en México, o donde sea, etc.− fue algo colateral o para disimular?
Como quiera que haya sido esta misión norteamericana, para mí está claro que vinieron hacer algo que nos hace falta hacer en el país: política; vinieron a hacer política, vinieron a negociar, vinieron a llegar a acuerdos; el problema es nuestro, pues para nosotros todas esas son malas palabras, más allá de que no se haya conducido la información de la forma más adecuada por los dirigentes opositores, que tenían y tienen el deber de informar.
https://ismaelperezvigil.
jueves, 10 de marzo de 2022
ASOSABER. Foro Chat vía Whatsapp. "El papel de la mujer en el ambiente legislativo". Invitada: Maribel Castillo. Secretaria General. Partido Alianza Progresista.
jueves, 11 de noviembre de 2021
NADIE MERECE SER VÍCTIMA POR SIEMPRE
“Desde el 1 al 30 de septiembre de 2021, hubo en Venezuela 30 femicidios consumados y 11 femicidios en grado de frustración. En promedio, hubo una acción femicida cada 18 horas, lo cual dejó como consecuencia, en total, siete (7) niños(as) que quedaron huérfanos (a) y, en uno de los casos, uno de ellos fue testigo presencial. del femicidio de su madre” (cifras reportadas por el Observatorio Digital de Femicidios del Centro de Justicia y Paz (Cepaz)
domingo, 7 de noviembre de 2021
Ismael Pérez Vigil . Politólogo.
Resulta ineludible comentar la decisión del fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), Karim Khan, y el impacto que puede tener sobre la situación general, especialmente política, del país. Someramente me referiré a los aspectos jurídicos y formales de la decisión −cuyos detalles considero cubiertos por un grupo importante de especialistas en la materia−, y me concentraré en algunas de sus implicaciones políticas, desde luego advirtiendo que sobre un tema que ya ha suscitado tantas opiniones y comentarios, es difícil aportar uno original o diferente. Comencemos por resumir el aspecto jurídico, con propósitos de contexto.
Concluida la −para muchos− controversial visita a Venezuela del fiscal Khan, éste decidió solicitar al Tribunal que se abra una investigación preliminar sobre supuestos crímenes cometidos en Venezuela y que son competencia de ese Tribunal, que como sabemos se trata de crímenes de genocidio, guerra, agresión y lesa humanidad, que no son poca cosa, ni poco graves. También es bueno señalar que éste sería el primer caso contra algún funcionario de un gobierno o ex gobierno latinoamericano.
Por lo pronto, hay un hecho significativo, el fiscal Khan considera que hay en Venezuela, al menos desde el año 2017, crímenes que son competencia de la CPI −repito, por lo significativo: crímenes de genocidio, guerra, agresión y lesa humanidad− y corresponderá ahora al Tribunal hacer la investigación y determinar quiénes son los culpables, pues como sabemos, este Tribunal solo juzga a las personas acusadas de estos crímenes, no enjuicia países, gobiernos ni instituciones; además, por lo que se ha visto hasta el momento, no juzga en ausencia −¿o me equivoco? – y que aun pudiendo hacerlo, según algunos juristas, no ha enjuiciado todavía a ningún alto funcionario en ejercicio. Faltará ver si estaremos ante el primer caso, como sin duda es el deseo de millones de venezolanos. Por lo pronto no es poca cosa lo ocurrido y es algo que debemos resaltar…y matizar.
El primer aporte importante de la decisión del Fiscal Khan es el desmentido que hace a todos los agoreros que esperaban, y aún esperan algunos, que no hubiera decisión o que fuera una en “complicidad” con el régimen para diluir y retrasar el proceso. Denunciaron como pantomima y sainete la visita del Fiscal, por el manejo mediático que se hizo de su invitación para visitar al país, por el manejo que desde las esferas del poder se hizo de su visita y por el hecho de que se reuniera con funcionarios del régimen y que no se “reuniera y escuchara a las víctimas”; aparte de que ese no era su papel, quedó ampliamente demostrado que no era tan necesario, que la fiscalía de la CPI tiene ya los hechos y pruebas suficientes por parte de las victimas para proceder a abrir el caso. Y un elemento muy importante a resaltar, es que el Fiscal en efecto se reunió y escuchó los alegatos del gobierno, todo lo que quisieran decir y argumentar, para que después no puedan alegar que no se les escuchó, que la información con la que se está procediendo está sesgada, parcializada o politizada. Por supuesto, no espero que ninguno de esos agoreros se retracte de lo dicho, no es “costumbre venezolana” reconocer los errores, recoger palabras o pedir disculpas por la desinformación o la simple difamación. Se cuenta con nuestra proverbial falta de memoria; pero, no se cuenta con que algunos si recordamos.
El segundo elemento que tiene consecuencias importantes y que queda bien claro en el memorándum firmado por el Fiscal y Nicolás Maduro, en nombre del gobierno y del estado venezolano −con el perdón de todos los “desligitimistas”− es que la decisión del Fiscal Khan nos pone de bulto frente al hecho de que no hay justicia en Venezuela, que no hay separación de poderes, que el sistema de justicia es un brazo más del régimen y por tanto debe intervenir la CPI. Ese es un punto que no debemos pasar por alto, por el efecto que puede tener −a lo mejor no tanto internamente, donde sufrimos las consecuencias de la falta de justicia− ante la comunidad internacional. No solo por el impacto que tenga el que se constate que en Venezuela el Estado no protege los derechos humanos, sino también porque cualquier acuerdo o compromiso jurídico estará sometido a esa misma carencia de justicia, mientras esté este régimen en el control del poder.
Que impacto pueda tener esta decisión sobre algunos funcionarios “ejecutores” de las políticas del gobierno, de “impartir” su justicia parcializada, de ejecutar las medidas de represión, etc., es difícil saberlo; dependerá en mucho del manejo político e informativo que se haga de la decisión y de las actuaciones del Tribunal de ahora en adelante, pero es un elemento que está allí y no debe ser ignorado por nadie, ni por los funcionarios ni por las fuerzas opositoras al régimen.
Dicho todo lo anterior y consciente que hay muchos otros aspectos que se podrían resaltar, es bueno considerar otras caras de este poliedro que es la situación política del país. Como he dicho en oportunidades anteriores (https://bit.ly/3h40eDT), dado que tenemos la tendencia de “poner en órbita” algunas ilusiones, en nuestro afán y esperanza de que se resuelva de inmediato esta situación de oprobio en la que ya llevamos inmersos 22 largos años, es bueno recordar que, una vez abierto el caso o abierta la investigación, para ser más precisos, estamos apenas en el inicio de un proceso que puede durar mucho tiempo; hablamos de años, antes de llegar a una decisión −si es que se llega− antes de que dicha decisión se pueda ejecutar, que es algo que no está muy claro: cómo se puede llevar a cabo esa ejecución de una sentencia y sobre todo, quién la puede llevar a cabo.
Así como vimos que el Fiscal Khan no vino a resolver los problemas del país −la hiperinflación, el hambre, la pobreza extrema, los sueldos de miseria de los profesores universitarios y las pensiones de mayor miseria de los jubilados, ni la falta de servicios públicos, ni la inseguridad social ni personal, ni el inmenso rosario de problemas que nos acogotan−, tampoco esos problemas los resolverá ningún fallo de la CPI y ni siquiera se ventilarán allí, pues no son de su competencia.
Sin duda puede contribuir una sentencia de los tribunales internacionales y sobre todo que se conozca más a fondo nuestra situación, a que está mejore o se resquebraje el bloque de fuerzas que apoyan al régimen; pero, nada desde afuera resolverá nuestros problemas, si desde adentro no hacemos lo posible por enfrentar las cosas que son de nuestra estricta competencia.
No sé, si como algunos han dicho, se trata de un “hito histórico”; pero desde luego, no podemos dejar de celebrar que esta decisión del Fiscal Khan, de solicitar la investigación de los hechos denunciados en Venezuela, trae viento fresco en los anhelos de justicia y el rechazo a la impunidad que tanto afecta el ánimo de tantos y tantos venezolanos, sometidos al oprobio de este régimen y sus desmanes y arbitrariedades.
https://ismaelperezvigil.
lunes, 18 de octubre de 2021
#221 Foro Hatillano. MOVIMIENTOS VECINALES Y DEMOCRACIA EN VENEZUELA.FORO CHAT WHATSAPP. Jueves 14 de Octubre de 2021
MOVIMIENTOS VECINALES Y DEMOCRACIA EN VENEZUELA
Por: Marianela Escalona Montesinos.
Ponente: Miguel González Marregot. Autor. Profesor de la UCAB.
Coordinador Municipal del Instituto de Estudios Parlamentarios "Fermín Toro" (IEPFT). Activista Social.
Los Movimientos Sociales son una categoría de análisis originada en Europa hace muchos años que ha creado espacios en el abordaje político contemporáneo por los cambios en la naturaleza de los agentes colectivos en las realidades políticas actuales. En América Latina se consiguen expresiones de Movimientos Sociales como los "Sin Tierra" de Brasil, movimientos indígenas en Bolivia y los Movimientos Vecinales en la Venezuela democrática.
El tema de los movimientos vecinales y la democracia en Venezuela ha sido poco tratado y estudiado por la historiografía tradicional sin que por ello carezca de relevancia y trascendencia dado sus logros y alcances al menos durante los últimos 80 años.
En tal sentido, el presente foro estará compuesto por 4 segmentos:
-¿Qué es el Movimiento Vecinal y cuáles son sus principales características y manifestaciones?
Los Movimientos Vecinales están ubicados en el marco de los grupos sociales que emergen y se activan en defensa de los derechos de sus comunidades; esta defensa incluye temas reivindicativos como el mejoramiento de la calidad de vida por ejemplo, y también aspectos más politizados como el derecho a la participación en aquellos asuntos públicos que afecten su existencia de manera directa e indirecta.
Hay que tener presente que los Movimientos Vecinales están directamente vinculados al ejercicio de los Derechos Humanos y a la defensa de los derechos de las comunidades. El rasgo distintivo de los Movimientos Vecinales es su vinculación directa a las luchas comunitarias de base, dondequiera que se encuentren, es decir que no son exclusivos de las grandes ciudades sino que emergen en cualquier comunidad, urbana o rural, grande o pequeña, con una condición "sine qua non": en el seno de esa comunidad se siente la necesidad de emprender iniciativas para modificar una situación o un conjunto de situaciones evaluadas como amenazas o restricciones para su bienestar colectivo. Es decir, no son la densidad demográfica de un centro poblado ni su ubicación geográfica los factores que determinan o favorecen la organización comunitaria, sino sus necesidades y legítimas aspiraciones de modificar o cambiar su realidad inmediata hacia un estado superior de convivencia y bienestar.
Entendiendo que los Movimientos Vecinales son expresiones sociales orientadas a la defensa de los derechos de los vecinos y sus respectivas comunidades, el Profesor González señala algunos rasgos distintivos de los mismos:
.- El Movimiento Vecinal se ubica en el ejercicio del derecho a la participación popular en los asuntos públicos.
.- Es de naturaleza local aunque su incidencia pueda alcanzar ámbitos regionales y nacionales.
.- Son un medio de participación alternativo a las institucionalidades públicas o medios institucionales estatales y/o privados, y alternativos a los medios de participación partidista; esto no quiere decir que están reñidos por principio con estos medios de participación sino que son distintos a ellos y corresponden a una visión ciudadana vinculada a la defensa de los derechos.
El Movimiento Vecinal es autónomo, diverso, plural, competido y competitivo; autónomo porque debe tomar sus propias decisiones; diverso porque supone variados mecanismos de participación; plural porque reúne a vecinos con distintas opciones y visiones de la sociedad; competido porque en su seno se producen debates y competitivo porque trasciende con sus acciones para la realización de la defensa de sus derechos.
Por todo esto se considera que existe una relación de cooperación y conflicto de los Movimientos Vecinales con el Poder Público y otros actores sociales como por ejemplo los partidos políticos.
.-Trayectoria del Movimiento Vecinal en Venezuela, en particular durante la democracia representativa y liberal, previa a la Constitución de 1999.
Los Movimientos Vecinales comenzaron a aparecer en la década de los años 30 cuando aún gobernaba Juan Vicente Gómez, cuando se inició la organización comunitaria/vecinal. Surgieron las llamadas Ligas de Colonos, Ligas de Inquilinos, Ligas Campesinas, Juntas Pro Fomento y las Juntas Pro Mejoras, los Comités Pro Defensa, las Juntas Vecinales, los Comités de Barrio, los Comités de Conflicto, las Juntas de Defensa de la Comunidad, los Frentes Culturales, las Asambleas de Barrio y las Asociaciones de Propietarios y Residentes. Se creó una amplitud y diversidad organizativa que, a partir de 1930 ha tenido el Movimientos Vecinal en el país.
Es a partir de 1978 con la promulgación de la Ley Orgánica de Régimen Municipal y su posterior Reglamento #1 en 1979, cuando se uniformiza la denominación para todas las entidades vecinales y pasan a llamarse Asociaciones de Vecinos.
Miguel González destaca el aporte fundamental que dieron los vecinos organizados en la lucha por la democracia local, por la descentralización y por la elección directa de Alcaldes y Concejales en planchas abiertas. Se puede afirmar categóricamente que la descentralización y la democratización del Poder Público local se debe a las iniciativas del Movimiento Vecinal, en especial en la década de los 80. Asimismo la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) atendió la iniciativa vecinal para poder modernizar el sistema político. Este logro innegable del Movimiento Vecinal debería significar una futura visión de los objetivos a lograr en estas duras circunstancias.
.-Balance global de la trayectoria del Movimiento Vecinal considerando sus fortalezas y debilidades, logros y desatinos.
Un aspecto importante a destacar es que el Movimiento Vecinal contribuyó a la organización comunitaria con objetivos altruistas, colectivos, buscando el bien común y la solidaridad. Aunque no se lograron todos los objetivos, si hubo una orientación contributiva a la organización comunitaria
La tensión permanente con el Estado y los Partidos Políticos, propia de la naturaleza de un sistema democrático representativo y liberal, funcionó de forma positiva para la organización vecinal. En el Movimiento Vecinal surgió lo que hoy se conoce como Sociedad Civil y algunos dirigentes iniciaron su activismo social en organizaciones vecinales.
Un elemento negativo para la actividad de los Movimientos Vecinales fue su localismo y su vocación asistencialista que facilitó un tratamiento clientelar por parte de los gobiernos y de las organizaciones políticas, a pesar de que cada actor tiene un rol significativo y al carácter autónomo de los Movimientos Vecinales.
En opinión de González, los movimientos comunitarios de base o Movimientos Vecinales se han constituido en un actor social relevante en la construcción y defensa de la democracia en Venezuela.
En sus inicios, con las Ligas de los Colonos y las Ligas de Inquilinos, agrupaciones vecinales de El Valle, San Agustín y Antímano dieron los primeros pasos en luchas reivindicativas. Posteriormente, surgieron las llamadas Juntas Pro Mejoras y Juntas Pro Fomento que continuaron esas luchas pero con un valor agregado importante que fue el hecho de que, durante la dictadura de Pérez Jiménez, estas organizaciones cobijaron la actividad de la Resistencia democrática; además de adelantar gestiones en defensa de la calidad de vida de sus comunidades y el mejoramiento de los servicios públicos, sirvieron como elemento de reunificación de la actividad de los factores democráticos en Resistencia contra la dictadura. Este es un hecho que no debe ser omitido en la historia política venezolana porque, desde el anonimato, muchos vecinos contribuyeron con la lucha por el rescate de la democracia.
Durante los años 60, aprobada la Constitución de 1961 y en medio de años muy convulsos en lo político, los Movimientos Vecinales se mantuvieron activos comenzando un intercambio tanto con los partidos AD y COPEI como con organizaciones de la izquierda que trataban de reinsertarse en la vida pública luego de participar en la lucha guerrillera. Ingresaron en las comunidades a través de Frentes Culturales, Juntas Vecinales, Comités Pro Mejoras, Asambleas de Barrio, etc, viendo en el Movimiento Vecinal una oportunidad para reingresar a la actividad política.
También es importante destacar la acción de 2 actores sociales en este contexto: la Iglesia Católica que con una actividad importante en las barriadas populares a través de los Comités Cristianos de Base que se relacionaron con organizaciones vecinales, apoyándolas en sus legítimas aspiraciones para mejorar su calidad de vida, y desde el punto de vista político, un segmento de la iglesia se inclinaba por posiciones más radicales.
El otro actor fundamental fue la Clase Media que a partir de los años 70 y a través de las Asociaciones de Propietarios y Residentes comenzaron a organizarse y a ejercer un papel de mayor protagonismo. Así, surge la Federación de Asociaciones y Comunidades Urbanas (FACUR) cuyas acciones comenzaron con la presentación de un Plan de Reivindicaciones con visión de ciudad, exigiendo a los actores sociales y al gobierno la creación de planes destinados al mejoramiento del desarrollo urbano de la ciudad de Caracas; la actividad de FACUR fue relevante para el establecimiento y fortalecimiento del debate democrático en aquellos años.
-Consideraciones para la acción del Movimiento Vecinal en el corto y mediano plazo.
Si bien durante unos años el Movimiento Vecinal se apagó y muchas Asociaciones de Vecinos desaparecieron, siempre el activismo comunitario ha estado presente y eso es importante en las circunstancias actuales que atraviesa nuestro país. Para Miguel González, las reservas democráticas que tiene Venezuela hoy están en los movimientos comunitarios, en los Movimientos Vecinales. Es allí de donde saldrán las tendencias definitivas para impulsar el cambio político democrático que la mayoría de los venezolanos aspira.
Es necesario conversar, entenderse y trazar estrategias que permitan crear tejido social y capital político. Se debe exigir a las autoridades abrir espacios a las propuestas vecinales. No hay que temer a la política ya que ésta es un estado superior de ciudadanía y los Movimientos Vecinales tienen mucho que aportar.
Muchas veces los dirigentes vecinales no reconocen sus propias capacidades de liderazgo, organización y movilización. Los vecinos organizados pueden generar ideas que se conviertan en proyectos de políticas públicas y presentarlas ante las autoridades. El ciudadano no debe perder esta oportunidad y aprovechar el capital humano preparado y calificado para traducirlo en proyectos que beneficien a su comunidad.
La capacidad de trabajo de los vecinos no debe desfallecer porque brinda una posibilidad de potenciar las capacidades de los Movimientos Vecinales.
Existe un conjunto de elementos que pueden unir a amplias voluntades dentro del Movimiento Vecinal para la conformación de una fuerza democrática de cambio y a partir de lo local ir construyendo una agenda de lucha de participación para que esos cambios ocurran.
Después de casi 100 años de actividad colectiva organizada, con triunfos y con reveses, los vecinos tienen una amplia experiencia y trayectoria que les permite la construcción de un movimiento social que incline la balanza de manera definitiva hacia el cambio democrático que Venezuela necesita.
Los Movimientos Vecinales deben ser motores y agentes de cambio a través de los canales formales de participación
.
El Estado Comunal es una amenaza que genera temor a las organizaciones vecinales ya que atenta contra el derecho a la propiedad, a la libre participación entre otros. El elemento propagandístico del gobierno pretende desanimar o incentivar el desconsuelo con esta pretensión. Los vecinos organizados deben comenzar a destacar lo negativo de esta propuesta de Estado Comunal, y comenzar a resaltar lo positivo de la municipalidad y las posibilidades de organización y participación libres creando capital social y político.
Es necesario rescatar y fortalecer el Movimiento Vecinal, identificando áreas de lucha, defendiendo los derechos de las comunidades, conocer y compartir otras actividades similares que ocurren simultáneamente en defensa de los derechos a la participación y libre asociación.
La mejor defensa frente al Estado Comunal es el rescate del Municipio. En la Ley Orgánica del Poder Público Municipal se encuentran los mecanismos de participación que generalmente no se usan y hasta se desconocen.
La identificación de áreas de acción común solidaria, de cooperación y de compromiso constructivo y colaborativo, hará más fuerte al Movimiento Vecinal.
Con la participación de 190 ciudadanos.
EL FORO HATILLANO NO SE HACE RESPONSABLE POR LAS OPINIONES EMITIDAS POR EL PONENTE.






