Por Daniel Merchan, 27/01/2018
La desesperanza aprendida
o indefensión aprendida, es un concepto que acuñó hace varios años el psicólogo
Martin Seligman para definir el estado en que las personas se sienten
absolutamente indefensas y experimentan una especie de pasividad completa o
renuncia total a la posibilidad que las cosas salgan bien, generando una
especie de predisposición en el pensamiento frente a la adversidad, producto de
una acumulación de traumas y frustraciones que terminan por condicionar al ser
humano a la creencia que cualquier esfuerzo por superar esa situación de
infortunio sería realmente inútil, lo cual sorprendentemente inhabilita incluso
a sociedades enteras que aunque teniendo las herramientas para lograr un cambio
en su desdicha quedan paralizadas en la resignación ciudadana incapaces de
valorar sus fortalezas frente al reto que tienen por delante.
Básicamente
Seligman en un experimento esclarecedor, sometió a 2 perros a pequeñas
descargas eléctricas simultáneamente, con la posibilidad de accionar una
palanca para detener tal efecto, lo cual después de un breve lapso de tiempo
uno de los perros hacía, deteniendo de inmediato el castigo corporal para
ambos, mientras el otro permanecía quieto y frágil sin poder hacer nada, luego
hizo lo mismo con el otro canino quien determinó una conclusión contundente,
pues ya se había acostumbrado a recibir la electricidad y considerándose
impotente de cambiar su realidad ya era incapaz de darse cuenta de su
posibilidad de control, por lo que no hacia el menor movimiento para aliviar su
malestar, su desesperanza aprendida era irreversible.
