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lunes, 11 de noviembre de 2019

Estallidos y Lecciones. Artículo de Opinión



Ismael Pérez Vigil


Son innegables la insatisfacción de necesidades básicas y la pobreza. En Venezuela saltan a la vista y en los demás países de América Latina –que no tenemos a la vista–, suponemos que es igual; por lo menos así lo reportan los analistas, periodistas, intelectuales, políticos, etc.; pero no creo que eso sea lo que este en la base de los “estallidos” sociales que hemos visto en los últimos meses. Ciertamente, algunas manifestaciones y causas de los “estallidos” que hemos visto se parecen, pero en la raíz hay fenómenos diferentes. Quiero referirme a los más recientes y llamativos, los de Chile y Bolivia, y las lecciones que nos dejan.

La pobreza, la miseria, nunca y en ninguna parte ha sido la causa de las “revoluciones sociales”, si es que a alguien se le ocurre llamar así a lo que ha estado ocurriendo; si fuera así, en África, Medio Oriente, China, India y en la mayor parte del mundo, ni hablar de América Latina, estaríamos permanentemente o desde hace mucho tiempo con convulsiones sociales permanentes. La desigualdad y la inequidad, sí, esos dos fenómenos sí causan convulsiones sociales; y creo que eso sí es lo que esta en la base de lo que ha ocurrido en algunas partes, al menos en Chile.

Según los analistas de ese país, quienes destruyeron el metro en Santiago y causaron los destrozos a la propiedad pública y privada en algunas ciudades de Chile, no fueron los “pobres”, los “menesterosos”, puesto que estos son los que más se perjudican con el destrozo de esos servicios y otros bienes; está más que demostrado que los causantes de la mayoría de los destrozos fueron sectores de clase media, incluidos jóvenes y estudiantes, obviamente insatisfechos y frustrados porque ciertos beneficios sociales no son suficientes y porque algunas medidas económicas ciertamente los afectan o porque los beneficios de las reformas no han sido lo suficientemente extendidos.

Los que inician los estallidos no son los “pobres”, sino los que han desmejorado su condición repentinamente, por algún tipo de política económica, o los “insatisfechos” porque no han alcanzado una situación social y económica a la cual –por las expectativas que se les han creado– creen tener derecho. Es casi un axioma de la psicología social o política que cuanto más alcanzable o merecido se considere un objetivo, un fin determinado, mayor es la frustración e insatisfacción por no alcanzarlo y puede degenerar en estallidos y violencia.

Casi todos los analistas en Chile, coinciden en señalar los siguientes fenómenos y problemas: el costo e ineficiencia de algunos servicios públicos, prestados en algunos casos por empresas privadas; las deficiencias en servicios de salud; el elevado precio de la educación y de muchos bienes y servicios, aún cuando en promedio y en términos generales la inflación es baja; el alto porcentaje de empleo informal, cuyos trabajadores no disfruta de seguridad y beneficios sociales; un sistema de pensiones, que aunque extendido y más eficiente que en otros países, es bajo; todos estos factores fueron creando un caldo de cultivo, que un incremento de tarifas de transporte del metro, más el efecto demostración de lo ocurrido en otros países y –por qué negarlo– la agitación de grupos de extrema izquierda y probablemente derecha, crearon las condiciones para los estallidos que hemos visto.

Pero lo que estamos viendo en Bolivia es un fenómeno; se parece más a lo que podríamos esperar en Venezuela, si aquí tuviéramos otras condiciones políticas y sobre todo militares; es decir, es obvio que, en Bolivia, Evo Morales no cuenta con el irrestricto respaldo de la fuerza armada, como si cuenta el régimen venezolano; además, el Estado allá es menos poderoso que aquí y el sector privado allá, es más poderoso que el nuestro, por lo que hay menor “control” social y político y al gobierno boliviano no se le hace tan fácil reprimir, como sin duda quisiera, las manifestaciones de descontento. Claramente en Bolivia es un fenómeno político de “hartazgo” con el régimen de Evo Morales y de rechazo al evidente fraude electoral que montaron para impedir una segunda vuelta en las elecciones; Evo Morales sabe que en una segunda vuelta lleva todas las de perder, por eso trata de impedirla a toda costa, pues no cuenta, como ya dije, con una fuerza armada incondicional que le garanticé su estadía en el poder, de manera indefinida y a cualquier costo.

El apoyo político a una causa determinada, con movilizaciones masivas de la calle, tiene mucha más significación política en Bolivia que en Venezuela; aquí impacta o cuenta muy poco para el régimen, pues tiene asegurado por la fuerza armada el ejercicio y la permanencia en el poder. Esto lo estamos viendo desde el año 2002 en Venezuela y se ha repetido en diferentes momentos de “auge” de movilizaciones opositoras masivas: 2007, 2014, 2017 y principios de 2019.

Estos dos casos, Chile y Bolivia, son dos ejemplos paradigmáticos de dos sistemas o regímenes políticos diferentes y hasta contradictorios; de ambos debemos y podemos aprender; de uno –Chile– para evitar llegado el caso, cometer los mismos errores por tomar solo en cuenta o enfatizar demasiado los aspectos económicos, descuidando los sociales y políticos. Del otro –Bolivia– para entender que la falta de unidad opositora conduce a derrotas electorales que se pueden evitar y que sí es posible alcanzar objetivos políticos con procesos electorales y movilizar a la población para defender resultados electorales, cuando son favorables a la oposición y negados por el régimen.

Falta por ver los resultados finales en cada uno de esos países y esperamos que sean favorables a la causa de la democracia; que Chile retorne el camino de la paz y prosperidad que traía, previa corrección de los errores cometidos; y que Bolivia logre ese camino –de la paz y la prosperidad–, tras acabar con el régimen populista y de oprobio al que hoy está sometido.




domingo, 25 de agosto de 2019

Gobernabilidad y Negociación, escrito por @Ismael_Perez



Ismael Pérez
Politólogo
23/08/2019

Cuando vemos que desde hace algún tiempo conspicuos voceros del régimen están negociando con los Estados Unidos, se supone que alguna salida –individual o general– a la crisis venezolana, es inevitable traer a la memoria la frase de Sir Winston Churchill, cuando en 1945 se le preguntó si estaría dispuesto a negociar la paz con Hitler y dijo que hasta sería capaz de “negociar con el diablo”; eso dirían hoy los EEUU.

No es de extrañar que el régimen emprenda esa y cualquier otra negociación, pues la búsqueda de la “gobernabilidad” es uno de los objetivos que persigue desde que aceptó negociar directamente con la oposición y ahora con los EEUU.

Ese objetivo, la búsqueda de la gobernabilidad, es lo que hace que el régimen persista en negociar con la oposición y persiga en las negociaciones el levantamiento de las sanciones internacionales a las que está sometido, especialmente contra PDVSA y el BCV. La dictadura está, desesperadamente, en la búsqueda de recursos.

Actualmente la proyección anual de ingresos del régimen no llega ni siquiera a 15 mil millones de dólares y esos ingresos se verán disminuidos por la aplicación de las sanciones. La dictadura sabe que con esos recursos no tiene para mantener las cosas que le importan, es decir: los “negocios”, demandas y exigencias de la coalición de poder –militares, “hombres de negocios”, altos funcionarios y jueces– que lo apoya y sostiene. Tampoco esos ingresos alcanzan para proseguir su proselitismo populista y mucho menos para cubrir el gasto normal del estado, por lo que se le hará mucho más difícil al gobierno usurpador mantener la gobernabilidad en el país. Solo le quedará, como está ocurriendo, sustentarse en la aplicación de la fuerza y la represión. Pero, cualquier libro de texto elemental de política nos dice que la única manera de gobernar, no solo la mejor, es aquella que cuenta con el consentimiento de los gobernados, no con el “temor” de los mismos, que parece que es el empeño de esta dictadura.

domingo, 18 de agosto de 2019

Moral y Negociación, por @Ismael_Perez


  

Ismael Pérez Vigil
Politólogo
17 de agosto de 2019

El poder de la dictadura se ejerce desde Miraflores, aunque su soporte y fuerza está en Fuerte Tiuna y en las demás fuerzas policiales, represivas y colectivos armados. Los demás poderes –el Ciudadano, el Electoral y el Judicial–, son apenas títeres del poder de Miraflores, aunque simulen tener algún atisbo de independencia en determinadas oportunidades.

El poder Legislativo, la Asamblea nacional (AN), es el único poder verdaderamente autónomo, que goza de legitimidad y reconocimiento internacional y está dominado por la oposición, hasta el punto que los diputados oficialistas abandonaron la AN para refugiarse en la irrita ANC, que carece de legitimidad, legalidad y reconocimiento nacional e internacional.

La dictadura utiliza toda su fuerza represiva y poder del estado para tratar de desconocer la AN y utiliza al TSJ y la Contraloría como sicarios ejecutores de su política de odio hacia sus “enemigos” políticos, con sentencias y decisiones para desconocerla y perseguir a sus diputados. No le busquemos una lógica a lo que no lo tiene; las decisiones del TSJ y de la Contraloría –como por ejemplo las últimas del 12 y 15 de agosto, respectivamente– son decisiones políticas y adefesios jurídicos. Esas sentencias del TSJ y las decisiones de la Contraloría, no son más que la manifestación de la crisis política; es la señal inequívoca de que este régimen no está dispuesto al diálogo sino a la intimidación y la amenaza.

domingo, 11 de agosto de 2019

¿Por qué negocia la dictadura?, por @Ismael_Perez


Ismael Pérez Vigil 
Politólogo
10 de agosto de 2019

Mi artículo de hace dos semanas (https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2019/07/27/ganar-tiempo/) me ha traído algunos comentarios que creo que vale la pena referir, con la finalidad de reiterar, reafirmar y aclarar mucho más el punto. Sobre todo, lo relativo a con quien ganaría tiempo la dictadura, que es lo que busca al aceptar la negociación y por qué ahora se levanta de la mesa.

La expresión “ganar tiempo” tiene un significado literal: no creo que la dictadura esté intentando “ganar tiempo” con las negociaciones. Admitir eso supondría que su permanencia en el poder no depende de su voluntad y que tiene su tiempo contado, pues en el momento en que quisiéramos, la podríamos desalojar del poder. No es esa nuestra realidad. Tenemos el apoyo de la inmensa mayoría de la población, probablemente más del 85%; el apoyo de la comunidad democrática internacional, que es la que cuenta en estos casos; y el apoyo de la mayoría de la Asamblea Nacional, la más genuina expresión del pueblo, y aunque no son poca cosa estos apoyos, no tenemos la fuerza para desalojar, a voluntad, a la dictadura del poder.

El usurpador tiene el poder efectivo; controla las fuerzas armadas y represivas del estado, el sistema de justicia, los organismos del estado, las empresas públicas, los recursos del país, etc. y el apoyo internacional de gobiernos de su misma baja calaña moral o parecida, entre ellos: Rusia y China. ¿Para qué ganar tiempo, si es sorda al clamor del país que ha destruido económicamente y lo tiene sumido en la miseria y las enfermedades? Si no le importa la suerte del país, ¿Qué le va a importar el “tiempo”? ¿Por qué negocia, entonces, la dictadura?

miércoles, 7 de agosto de 2019

Los Sobrevivientes, por @Ismael_Perez




Ismael Pérez Vigil
Polítológo
3 de agosto de 2019

Algunas personas no han entendido aun la naturaleza de lo que estamos enfrentando y vamos a enfrentar. Y no me refiero a la comprensión de que estamos en una dictadura, bajo un gobierno de facto; creo que eso ya está bastante claro para todos y si quedaba alguna duda, el informe Bachelet la terminó de disipar.

Pero lo que aún no se ha comprendido –cuando me refiero a que aún no hemos entendido la naturaleza de lo que enfrentamos y enfrentaremos– es que, sí como resultado de un proceso de negociación, el usurpador se ve obligado a renunciar, por la fuerza de las circunstancias –pérdida de apoyo interno e internacional– eso no significa que lo que llamamos chavismo/madurismo se volatiliza y desaparece. Pareciera que algunos creen que entraremos en una especie de mundo idílico, una especie de disneylandia, en la cual todos los problemas y desmanes del régimen que hemos vivido durante 20 años desaparecen por arte de birlibirloque.

No será así, lamentablemente, y lo debemos tener claro para evitar decepciones, frustraciones y sorpresas, pues tras la salida del usurpador, dependiendo que tanto se logre en el proceso negociador, seguramente habrá “sobrevivientes”, no del todo deseables.

En primer término, mientras se elija un nuevo gobierno, seguramente sobrevivirá una parte del régimen usurpador: ministros y altos funcionarios de la administración pública y empresas del estado; gobernadores y alcaldes, con su tren de funcionarios y miembros de asambleas legislativas y concejales, que son producto de procesos electorales y no forman parte del poder ejecutivo; y –lo que es más importante– una buena parte de las fuerzas represivas de hoy y algunos que pertenecen a colectivos e irregulares, etc. que están entre los seguidores y partidarios de la actual dictadura.

Todo eso, lo más formal, la estructura ejecutiva de la dictadura, desaparecerá cuando se elija un nuevo gobierno, democrático, y éste nombre su tren de ministros, funcionarios públicos y haga cambios en la fuerza armada y cuerpos policiales; igualmente el pueblo tendrá oportunidad, en poco tiempo, de reemplazar gobernadores, alcaldes, asambleas legislativas y concejos municipales. Pero, aunque una exitosísima negociación lograra desmantelar todo o casi todo el régimen expoliador, a la dictadura le sobrevivirá una estructura que no se puede reemplazar electoralmente y que debemos estar conscientes de su existencia para evitar decepciones y frustraciones.

Me refiero a que a la dictadura le sobrevivirá una estructura socio económica, en buena medida ilegal o cuestionable, por haberse desarrollado a partir de la corrupción, de prebendas, contratos y beneficios del estado, pero que otra parte, es legal y legítima y nada despreciable en tamaño; pero lo más importante es que está allí, viva y operando y comprende: empresas, negocios, bancos e instituciones financieras, profesionales diversos, actividades y centros educativos, clínicas, medios de comunicación y toda una gama –que no tenemos muy bien precisada– de actividades, colectivas y personales, que han crecido y se han desarrollado al amparo y sombra de la dictadura y que hoy tienen vida propia y, como decía, algunos legítimamente, otros menos, pero que reclaman seguir su actividad y no desaparecerán aun cuando sí desaparezca la estructura de poder político que las ayudó a desarrollarse.

De igual manera el nuevo gobierno tendrá que arremeter, muy duramente y desde el principio, contra la maraña de estructuras ilegales y hamponiles que se han instaurado en estos 20 años, que controlan o asolan una parte del país y que ya tienen su propia dinámica, posiblemente independiente de la dictadura, aunque la apoyen y sean apoyados por ella. Seguramente para esta tarea contará con el decidido apoyo de toda la población.

Frente a estos inevitables “sobrevivientes” hay dos buenas noticias; una es que hoy en día una buena parte de esa estructura, de esos que serán los “sobrevivientes” del régimen –que algunos llaman boliburgueses o bolichicos–, está también deseando que la dictadura llegue a su fin, pues saben que es inviable, que no tiene futuro, y ellos quieren seguir en sus actividades. Abierta o soterradamente ya hoy trabajan para que caiga la dictadura. La otra buena noticia es que una parte mayoritaria de quienes actúan en esa estructura que desarrolló la actividad de la dictadura en 20 años, están igualmente hartos de lo que está ocurriendo y de la farsa del socialismo del Siglo XXI y no dudarán en hacer aportes e incorporarse activamente para superar la crisis del país, en la medida en que vean caminos y oportunidades.

Convivir con esos “sobrevivientes” será parte del reto de la nueva Venezuela a construir, pues desmontar la parte parasitaria e irrecuperable de esa estructura no ocurrirá de la noche a la mañana, tomará algún tiempo, así ocurrió en todos los países que salieron de regímenes dictatoriales, por cualquier vía, la fuerza o elecciones; tuvieron que convivir con esos residuos, “sobrevivientes” del antiguo régimen. Nosotros también, desde ahora, debemos estar conscientes de que esa estructura existe, que está allí y debemos no solo estar preparados para convivir con ella, sino también para ofrecerle alternativas, como a todos los venezolanos. Que no nos sorprenda la frase del escritor español, Javier Marías, en Así Empieza lo Malo (Cap. 68): “El pasado tiene un futuro con el que nunca contamos…”


domingo, 28 de julio de 2019

¿Ganar tiempo?, por @Ismael_Perez




27 de julio de 2019
Uno de los argumentos favoritos de quienes se oponen a los procesos de negociación y diálogo entre la dictadura y la oposición es que para lo único que sirven es para: “que la dictadura gane tiempo”, que lo único que se logra es “oxigenar” al régimen y concederle más tiempo. Y esta es una afirmación que hacen por igual el enjambre antipolítico de las redes sociales y algunos analistas y periodistas. Por supuesto, el corolario automático de esta afirmación es que quien dialogue o negocie con la dictadura es un “cómplice”, “colaboracionista”, o un “ingenuo”, en el mejor de los casos.
La afirmación parte de dos supuestos falsos; el primero, ¿Quién ha dicho que la dictadura necesita tiempo? ¿Qué está corta de tiempo, y por lo tanto debe ganarlo? No es cierto, la dictadura tiene 20 años desarrollándose; comenzó con una falsa esperanza, continuo con un socialismo populista ramplón y demagógico basado en altos ingresos petroleros y terminó en una dictadura desembozadamente represiva; y no es que antes del “tramo maduro”, no haya habido represión, estaba disfrazada por la orgia de los recursos petroleros. De manera pues, que la dictadura tuvo y tiene tiempo; no es tiempo lo que está buscando, tiene todo el que necesita; no siente apremio, no le importa lo que Venezuela padece –pues lo niega constantemente y no lo reconoce– o haber perdido el favor del pueblo, ya no lo necesita pues se sostiene descaradamente por la fuerza de las armas. La dictadura que controla el territorio y sus recursos, no es tiempo lo que compra, lo que quiere es aferrarse al poder con toda la fuerza para continuar el saqueo del país. Que se haya agotado el “modelo”, el “socialismo del Siglo XXI”, no significa que se le acabó el tiempo a este régimen.
El segundo supuesto falso de la afirmación: “ganar tiempo”, es que quienes lo sostienen parten de la base de que la oposición tiene la fuerza para sacar a la dictadura del poder, en el momento que quiera, le basta con desearlo e intentarlo, para lograrlo. ¿Por qué no lo hace, entonces, simplemente, y se olvida de diálogos y negociaciones? Porque no es cierta esa afirmación de la supuesta fuerza o capacidad de la oposición para desplazar a la dictadura y desalojarla del poder cuando quiera. Durante 20 años, se ha hecho de todo, una y otra vez –marchas, concentraciones, protestas cívicas, intentos de alzamientos, procesos electorales, procesos de consulta, recogidas de firmas, etc.– y hemos constatado cuan falsa es esta afirmación. No, no es cierto, entendámoslo bien: la oposición no tiene la fuerza física para deponer a la dictadura y está más que demostrado que los aliados –dispuestos a apoyarla, a reconocer a Juan Guaidó, a tomar sanciones contra sus funcionarios– tampoco están dispuestos a proceder por las armas a desalojar a este régimen.
Lo que, si está claro es que la dictadura, aunque tiene la fuerza física para mantenerse en el poder, no cuenta con soporte popular, no tiene la fuerza interna suficiente, ni el apoyo internacional, ni los recursos económicos, para acabar de un plumazo con la oposición y por eso se ve obligada a aceptar el proceso de negociación. Esa, el apoyo popular e internacional y la fuerza moral de la razón, es la fortaleza de la oposición para obligar a la dictadura a ir a un proceso de negociación. Por eso tenemos que apoyar y fortalecer esa fuerza y mayoría opositora, para lograr condiciones que nos permitan salir de 20 años de oprobio, pues nos espera un futuro y una mejor Venezuela por construir.


sábado, 22 de junio de 2019

Registro Electoral y Elecciones Libres, por @Ismael_Perez





Por Ismael Pérez Vigil
22/06/2019

Las fallas, errores y manipulaciones que “invalidan” el Registro Electoral (RE), es uno de los temas favoritos de quienes rechazan la vía electoral como alternativa para salir de este régimen de oprobio.

No cabe duda que el RE tiene fallas, que hay errores, que ha sido manipulado arbitraria e ilegalmente y esas irregularidades contribuyen a la trampa y el fraude que monta el régimen, a través del CNE, para desacreditar e impedir el voto, derecho político y humano fundamental; pero hasta el momento debo decir que ninguna de las “pruebas” que han aportado quienes lo critican me han parecido convincentes y determinantes, sobre todo como para afirmar que antes de acudir a cualquier proceso electoral se debe comenzar por hacer un “nuevo” registro, empezando desde cero. Parece que algunos no se han paseado por lo que significa, sobre todo en términos de tiempo, construir, desde cero, un nuevo registro electoral de más de 22 millones de electores, que es lo que debería de tener hoy nuestro RE.

Como decíamos, estamos hablando de un registro que hoy, oficialmente, sin estar debidamente actualizado, ya contiene 20 millones de electores y debería tener por lo menos millón y medio más. Por supuesto que todos los errores e irregularidades cuentan y van sumando, pero decir que hay 50 mil apellidos extraños, que no aparecían en registros anteriores (el 0,25%), o 100 mil casos –y exagero– de cédulas repetidas (0,45%), o unos miles de personas de edad centenaria, no son una proporción significativa sobre el total; siempre habrá errores y omisiones, “deliberados” o no, y no es algo que, aunque llame la atención, deba ser considerado de gran preocupación como para justificar la necesidad de rehacerlo por completo.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Una Carta y un Acta, @Ismael_perez




Ismael Pérez Vigil
Politólogo
31 de agosto de 2018

Una carta de Luis Almagro, Secretario General de la OEA y el acta de una sentencia del TSJ en el exilio, aun no publicada de manera definitiva, pusieron a arder a la oposición más de lo que ya arde habitualmente.

El martes 21, envié un mensaje por Twitter, que tocaba tangencialmente ambos documentos y que decía lo siguiente: “Qué bueno que el señor Miguel Angel Martín, presidente del TSJ en el exilio, aclaró a la periodista Idania Chirinos (NTN24) que aún no han oficiado a la Asamblea sobre la decisión de condenar a NM y que es al TSJ en el exilio al que le corresponde ejecutar esa sentencia”

lunes, 27 de agosto de 2018

Las medidas en la hora más oscura, @Ismael_Perez




Ismael Pérez Vigil
Politólogo
24 de agosto de 2018

Las medidas, como tal, no pretendo analizarlas; sobre eso ya ha habido muchos análisis de economistas y expertos con los que no pretendo competir. Aparte de que, hasta el momento de escribir estas líneas, es todavía muy poco lo que se conoce de las mismas, pues muchas continúan en el aire y aún no se sabe cómo serán implementadas.

Apenas se ha ratificado –verbalmente– el incremento del salario mínimo y las pensiones, pero aún no se publican en gaceta, donde si se publicó el incremento del IVA, se anunció el incremento de la Unidad Tributaria, se fijó unilateralmente un listado de precios de 25 productos, también publicado en Gaceta, y se han realizado un par de subastas DICOM, con montos muy exiguos. Por lo que no es difícil suponer –además de por la falta de credibilidad en el régimen y en su incapacidad administrativa y gerencial– que este “ajuste” está llamado a fracasar, a incrementar la hiperinflación y sumir a la economía en un caos mayor que en el que ahora se encuentra.

domingo, 19 de agosto de 2018

¿Es necesaria la unidad?, @Ismael_Perez




Ismael Pérez Vigil, Politólogo
17 de agosto de 2018

Desde mi perspectiva, si; pero “depende”, sería una respuesta más adecuada y ajustada al momento que vivimos, aunque el clima político está ahora centrado en la luciferina ignominia de lo ocurrido con el Diputado Juan Requesens, la reflexión sobre el tema político a largo plazo debe continuar.

Por eso, con respecto a la necesidad de la unidad, quiero compartir algunas reflexiones, al mejor estilo de Maquiavelo. La importancia, o no, de la unidad de los factores políticos, dependerá de cuál sea la vía que se elija para salir de esta oprobiosa dictadura.

Si como algunos piensan, la vía, es la vía insurreccional hasta que se produzca la renuncia del gobierno o su derrocamiento por algún grupo militar, o si la vía es un golpe de estado, o la intervención de una fuerza de ocupación extranjera que deponga a la dictadura, evidentemente no tiene ninguna importancia la unidad. Bastará con la eficacia de algún grupo que se plantee esa alternativa y trabaje denodadamente para lograrla. Obviamente, dado lo peligroso y clandestino de esta tarea, cuantos menos lo sepan es mejor y por ello la unidad de los factores políticos, no tendría mucho sentido, más bien sería un estorbo.

jueves, 2 de agosto de 2018

El Paro Nacional, @Ismael_Perez




Por Ismael Peréz Vigil, 28 de julio de 2018

Nuevamente sobre el tapete de discusión la eventualidad de convocar a un “Paro o Huelga Nacional”, sobre el cual el Frente Amplio Venezuela Libre inició un proceso de consulta. Adelanto mi opinión al respecto y espero que la convocatoria de un Paro Nacional no se lleve a cabo, pues está llamada a caer en un lamentable vacío.

Lo de un paro nacional o huelga general no es una idea nueva en la historia reciente, entendiendo por “reciente” los últimos 20 años. Todos recordamos el llamado “paro cívico nacional” o “paro petrolero” de finales del año 2002 e inicios de 2003. Y más recientemente, en julio del año 2017, la convocatoria de una “huelga general”, que concluyó en un “paro cívico” de dos días. Ambos fracasaron en su objetivo, si entendemos que este era obligar a una salida forzosa, de renuncia o de algún tipo de “intervención” del actual régimen, hoy devenido en dictadura y que se prolonga ya por 20 años.

Sin entrar a profundizar en las características de cada uno, un primer aspecto a observar y destacar es que ambos se desarrollaron o plantearon durante lo que podríamos llamar un “auge de masas”, por parte de la oposición. El país estaba movilizado con protestas y manifestaciones, que se prolongaban por meses, y aun así esos llamados a “paro” o “huelga”, no fueron exitosos, no solo porque no alcanzaron el objetivo, ya señalado, sino porque además no lograron calar en toda la población. Es decir, afectaron sin duda a toda la población, más no se logró que ésta, especialmente los sectores más populares, se incorporaran a esa actividad política de protesta. En el primero, por ejemplo, en una gran parte de Caracas y del país la vida transcurría como si nada estuviera ocurriendo.

jueves, 26 de julio de 2018

Aniversario Del #16J por @Ismael_Perez


Por: Ismael Pérez Vigil.
Caracas, 25 de julio de 2018.

El evento del 16 de julio del año 2017 fue sin duda un gran acontecimiento que demostró el vigor y la capacidad de la sociedad civil opositora y los partidos políticos en ese momento. Se dice fácil, pero recoger casi ocho millones de firmas en Venezuela y el exterior, no es ninguna trivialidad. Hoy no tenemos la capacidad de convocatoria para semejante hazaña.

Ese plebiscito fue además, en ese momento, una forma de concluir con una demostración de unidad y fuerza a una situación a la que ya no se le veía salida, que eran las manifestaciones de calle que se venían sucediendo casi diariamente desde hacía varios meses y que arrojaron una secuela de más de 160 muertos, a manos de los esbirros de la dictadura, todas impunes al día de hoy.

Lo ocurrido el 16J fue una forma de decirle a la dictadura –y a muchos en la oposición de hoy en día– que no somos soldados, dispuestos a batirnos en las calles con palos y piedras contra los fusiles, tanquetas y demás armas de fuego de la dictadura, que somos ciudadanos, que queremos expresarnos con medios ciudadanos, con eventos como ese, en los que podamos participar masivamente.

La importancia y la significación del 16J nadie la pone en duda, lo lamentable es que no se haya podido dar continuidad a lo ocurrido, que hubiera sido, por ejemplo, un triunfo de la oposición en las elecciones de gobernadores que se realizaron tres meses después. La frustración y el desánimo, las trampas y abusos del régimen y de manera muy importante la abstención estimulada por el gobierno y promovida erróneamente por parte de la oposición, frustraron esa posibilidad, hiriendo de muerte la continuidad del 16J y su poder de expresar la fuerza mayoritaria de la oposición democrática y fracturando la unidad que aún no hemos logrado restituir.

Pero más lamentable sería que ahora ese acontecimiento se convierta en una “efeméride” con la cual se celebre anualmente una especie de hazaña, como si se tratara de uno de esos campeonatos mundiales de béisbol que se ganaban hace 40 ó 45 años y que no han sido re-editables en el transcurrir del tiempo.

Una parte del problema que tuvo ese acontecimiento, por lo cual no pudo tener continuidad, es que parece que no estaba muy claro cuáles eran los objetivos que se perseguían, qué era lo que se buscaba, porque para unos significa una cosa mientras que para otros significa otra. De allí que el peligro, ahora, es que lo ocurrido el 16J se convierta en un evento ideologizado, que sea cargado de un contenido político que no tenía o que era diferente al que se le atribuyó en el momento y se utilice como tema de división y confrontación dentro de los diferentes grupos de oposición.

Muchos atribuyen a ese evento un significado que para mí no tenía, especialmente en la interpretación de la tercera pregunta; que para algunos se resume en darle o reclamarle un mandato a la Asamblea Nacional −que fue quien convocó el evento del 16J, con carácter de plebiscito− para el cual no tiene ni las facultades jurídicas ni la capacidad o fuerza para llevarlo adelante, que es designar al presidente de la República.

Ya en otra oportunidad me referí al tema de la forma en que ahora resumo:
Quienes firmamos el 16J expresamos con la tercera pregunta que queríamos −y queremos− “la renovación de los poderes públicos de acuerdo a lo establecido en la Constitución”, es decir, en “elecciones libres y transparentes”, con las cuales se conforme “un Gobierno de Unidad Nacional para restituir el orden constitucional”. No había en la tercera pregunta un lapso para hacerlo, una fecha de ejecución, que además era absurdo definirla bajo una dictadura que hemos visto dispuesta a mentir, reprimir y matar por mantener el poder. Pero sí había en la pregunta un “modo”: renovando poderes, de acuerdo a la Constitución, mediante elecciones; y una finalidad, un “mandato”, para usar la palabra que les gusta a algunos: conformando un gobierno de unidad nacional. Es decir, por decisión de la mayoría y que se incluya a todos en ese proceso.

Para mí no ha cambiado el propósito y la interpretación de esa pregunta, para otros sí y pretenden convertir ese supuesto “mandato” en un arma para pasarle una factura política a la Asamblea Nacional, a la defenestrada MUD o a los rivales políticos, ideologizando y manipulando así el significado cívico y ciudadano de la mayoría, expresada el 16J.

Politólogo
@Ismael_Perez

martes, 10 de julio de 2018

Tres Convicciones por @Ismael_Perez



Por: Ismael Pérez Vigil. Politólogo.
Caracas, 6 de julio de 2018.

Atravesamos, como oposición democrática, un mal momento. Hay un ambiente pesado y oscuro, un letargo incomprensible para la muy crítica realidad que estamos viviendo; caminamos un terreno sinuoso y movedizo. Todo está plagado de disputas y críticas acerbas, destructivas, sin opciones o con opciones confusas, sin mensajes ni propuestas. En estos momentos se impone la reflexión y reafirmación de las convicciones, que ─sin ánimo de sentar cátedra─ sienten bases, nos abran la mente y propicien la discusión que nos ayude a salir del marasmo.

Desde que escribo sobre temas políticos frecuentemente lo hago sobre tres convicciones fundamentales:

- Primero la importancia de los partidos políticos; sin partidos políticos no hay democracia, sin partidos políticos no hay estado de derecho ni libertades políticas, sin partidos políticos no hay estado moderno ni estructuras ciudadanas para acceder al poder.

Los partidos políticos son la base de la democracia y el estado; y cuando el régimen de Chávez Frías comenzó a eliminarlos en 1999, a restringirlos, a quitarle potestades y financiamiento, hasta eliminarlos de forma definitiva de la Constitución Nacional, estaba simplemente diciendo cuál era el rumbo que quería tomar de estado totalitario, hoy devenido en dictadura, que recientemente termino de inhabilitar a la mayoría de ellos.

Por supuesto, no se trata de dar un cheque en blanco a los partidos políticos; estos tienen que ser democráticos, sus autoridades electas por la base y renovarse permanente y constantemente; no es saludable, ni tolerable, que pasen generaciones de militantes y líderes y continúen las mismas autoridades partidistas, sin variar, sin renovarse. Los partidos, además, tienen que tener un programa, un plan, conocido y difundido o alguna concepción teórica, que los conduzca, los guíe e inspire a tomar el poder para implantar ese plan para bien de toda la sociedad.

- La segunda convicción es la unidad. La unidad no es un fin en sí mismo, es una vía de acción, una estrategia o una táctica, pero en este momento es condición imprescindible y necesaria para salir de este oprobioso régimen.

Por supuesto me refiero a la unidad de los que creemos en la democracia como eje fundamental para el desarrollo de la vida cívica. Todos quienes tengamos esta convicción debemos dejar de lado nuestras diferencias, para lograr constituir una fuerza mayoritaria capaz de llevar al pueblo venezolano la esperanza de una vida digna y mejor y un futuro de bienestar y progreso.

Por eso he defendido los intentos ─ imperfectos, incompletos─ de unidad, como lo fueron en su tiempo la llamada Coordinadora Democrática y desde hace varios años la MUD, hoy herida de muerte, como intentos valiosos sobre los cuales se podría constituir una fuerza políticamente activa, capaz de enfrentar y frenar a la dictadura.

Es más, creo que en este momento todos aquellos que no estén trabajando activamente por la unidad, todos los que contribuyan a la disgregación de las fuerzas opositoras, todos los que no sacrifiquen sus visiones y agendas particulares por la unidad, le están haciendo un favor a la dictadura.

- La tercera convicción es la vía electoral. Se cree o no se cree en la vía electoral; se cree en que podemos salir de este gobierno por una vía diferente, sea mediante un golpe de estado, sea mediante una intervención militar externa, o se cree en la vía electoral. No creo que existan otras alternativas, si alguien piensa que lo que está ocurriendo en el país puede concluir en una especie de guerra civil y que tenemos la posibilidad de “ganarla”, es una locura; y si eso no es posible ─y no lo es, sin ninguna duda─ lo que nos queda es la vía electoral.

A la vía electoral se puede llegar de diversas maneras. Qué duda cabe que una de ellas es una revuelta popular, por la crisis humanitaria que vivimos, que desestabilice la dictadura y obligue al gobierno a renunciar, a aceptar una salida democrática, con un proceso eleccionario; pero siempre, en última instancia, tendremos que llegar a la vía electoral. Desde el 20M, nadie, ninguna opción opositora ha logrado movilizar nada; nos diluimos en crecientes protestas sociales, con sobradas razones, pero sin una orientación política efectiva de largo plazo, nos seguimos así desgastando, atomizando y alejando de la construcción de una mayoría opositora, con oportunidad de triunfo.

Se quiera o no, aunque se pretenda demostrar, rabiosamente, aunque se quiera negar y desconocer, la vía electoral es la única que ha demostrado que nos permite organizar a la gente, que nos permite movilizar a la población, que permite la incorporación masiva de ciudadanos con una cierta seguridad para la participación popular que produzca los cambios por expresión de la voluntad mayoritaria.

La electoral es la única vía que permite eso y estoy atento a que me demuestren en la práctica lo contrario; no con discursos encendidos, con artículos ingeniosos y argumentos retóricos, o con insultos en fogosos mensajes por redes sociales. Para ella, para la vía electoral, debemos estar siempre dispuestos y preparados, aunque en determinados momentos se opte por no participar en algún proceso concreto, como ya ha ocurrido.

Desde estas tres convicciones ─y las que surjan─ propongo que se reanude el necesario proceso de discusión y diálogo entre la sociedad civil y los partidos políticos.

@Ismael_Perez

miércoles, 4 de julio de 2018

Peleas entre hermanos por @Ismael_Perez



Por: Ismael Pérez Vigil. Politólogo.
Caracas, 29 de junio de 2018.

Sin intención de ser cruel o escabroso, nada entretiene más al ser humano que narrar el infortunio de otro ser humano, sobre todo si lo considera su rival o adversario. Y esta situación retrata perfectamente las pugnas internas que se suscitan en el campo de la política opositora.

Aquello de que “los hermanos sean unidos” o el refrán popular: “el que le pega a su familia se arruina”, sabemos que no se cumple en política, en donde los personajes son más “bíblicos”, y es más fácil que “Caín” mate a “Abel”, una y mil veces, que pensar que éstos dos hijos de Adán se unan para propinarle una paliza a un tercero.

Hoy tenemos además el factor del mundo globalizado, que a través de la “magia comunicacional”, digital, y las redes sociales nos permiten ver con lujo de detalles todo tipo de “fraternales” pero sanguinarias disputas. Por ejemplo, las que se dan, entre candidatos demócratas y republicanos en los EEUU, para alcanzar la nominación de sus propios partidos; o escenas de parlamentos, en todas partes del mundo, en donde se intercambian todo tipo de calificativos e insultos y rápidamente se llega a las manos. Lamentablemente, al mismo tiempo esa “magia comunicacional” también permite al mundo, a nuestra tan apreciada “comunidad internacional”, darse cuenta de que los venezolanos no somos una excepción y que más bien confirmamos con creces esa regla.

Sin embargo, con excepción de nuestra cultura digital, masiva y "en línea" que sin duda los potencia, los pleitos internos de la oposición hoy en día no son para nada diferentes a los que siempre tuvimos; desde la quinta, hasta la primera República ambas incluidas; no en balde aquello del Libertador en su último lecho: “Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión…” Todo lo más, estamos comprobando que no sólo no hemos avanzado un paso, sino que hemos retrocedido cientos de ellos; o en el mejor de los casos, que estamos dando vueltas en círculos rumiando nuestras propias miserias y disputas.

Para considerar y reflexionar, no es nada nuevo lo que hoy nos pasa en el campo opositor y en la acera de enfrente ─entre los que apoyan a la dictadura─, solo que ellos, llenos de culpas y con muchos intereses de poder de por medio son un tanto más discretos, al menos ¡Por ahora!

Haciendo un poco de menudencia histórica, por ejemplo, los trapos más sucios se los han sacado los pre candidatos de Acción Democrática (AD) a sus propios compañeros de partido. Fue Luís Piñerua quien nos ilustró con aquello de que Jaime Lusinchi era un “gurrumino”. Otro ejemplo, los social cristianos son los que peor se han referido a los suyos. Así que lo de Voluntad Popular hace unas semanas no tiene nada de nuevo. Y así pudiéramos hacer un repaso por todos y cada uno de los partidos. Por lo tanto, que las cosas en el campo de toda la oposición se diriman de la forma que estamos viendo, tampoco puede sorprendernos.

Lo cual no quiere decir que eso sea algo que debemos dar por “normal”, algo a lo que debamos acostumbrarnos o de lo que podamos sentirnos orgullosos, sobre todo si lo que tenemos enfrente son 18 años de régimen no democrático, hoy devenido en franca y abierta dictadura. E insisto, la caterva de insultos que nos propinamos entre nosotros, no solo no corrigen ninguno de los defectos o vicios que podamos tener, sino que dificultan cualquier posible comunicación a la que a futuro debemos aspirar.

En todo caso, hasta son aceptables las diferencias de opiniones, las discusiones internas; pero lo que no es aceptable es que haya transcurrido más de un mes desde el 20M y haya una ausencia casi total ─nótese el “casi” ─ frente a la opinión pública de propuestas opositoras con relación a los graves problemas que vive el país y la manera de enfrentarlos. Las discusiones internas solo son aceptables si externamente se ve, de manera clara y notoria, a cada uno de los partidos o grupos políticos trabajando por lo que creen, llevando esas ideas a la discusión pública, denunciando los desmanes de la dictadura y proponiendo alternativas a un pueblo cansado y agotado por tanta penuria.

¿Dónde está el accionar político, masivo, constante, para llevar ante las grandes masas del país lo que se está haciendo para que se produzca el salto de conciencia que permita al venezolano común de nuestro país relacionar sus penurias de la hiperinflación, el hambre, el desabastecimiento y la inseguridad con la ineficiencia del Gobierno dictatorial?

Establecer esa relación depende de la acción política que desplieguen los partidos, los de la MUD y los otros o anti MUD, a partir de proyectos y programa concretos, explícitos, compartidos o no, de modificación y transformación de la sociedad venezolana y de cuya discusión no deben excluir a nadie, incluida buena parte de la población ─afortunadamente cada día menos numerosa─ pero que aún se dice chavista.

Hemos afirmado y defendido la idea de que la oposición tiene un programa y metas concretas, ofertas realmente positivas acerca de la Venezuela que queremos, la que se quiere construir. Hay propuestas alternativas en lo político, lo jurídico, lo social, la seguridad personal y pública, la agricultura y la ganadería, el turismo, la educación a todos sus niveles, el desarrollo tecnológico, el desarrollo de determinadas regiones del país, el desarrollo industrial, etc.

¿Por qué no es eso lo que esta sobre el tapete de discusión y solo están las diferencias ─supuestamente estratégicas o tácticas─ en cuanto a la vía para salir de la oprobiosa dictadura?

Solo cuando ese deje de ser el tema de discusión y el primero sean las alternativas, las propuestas, comenzaremos a ver luz al final del túnel.

@Ismael_Perez

lunes, 25 de junio de 2018

Epítetos y palabras por @Ismael_Perez


Por: Ismael Pérez Vigil. Politólogo.
Caracas, 22 de junio de 2018.

“… si he perdido la voz en la maleza,
                      Me queda la palabra.”
                                Blas de Otero


Ciertamente, no hay peor cuña que la del mismo palo. Durante varios días me dediqué a recoger las opiniones que algunos voceros de la oposición tienen de otra parte de esa oposición; por ejemplo, sobre la MUD o el denominado Frente Amplio, que son los blancos y las presas favoritas.

Solo he recogido aquellas expresiones que se publican en artículos de prensa en los principales medios impresos del país, pues en ellos aún existe cierto recato y moderación. Deliberadamente omití las denominadas redes sociales, especialmente “Twitter” ─convertido en el patíbulo de la opinión pública─ con lo que hubiera podido llenar una enciclopedia de términos y expresiones extremadamente escatológicas y soeces que no soportarían ningún tipo de autocensura o llamado a la decencia.

Ruego me disculpen aquellos de quienes no haya recogido ninguna expresión, o los que vean las suyas reflejadas y se sientan citados fuera de contexto; esto es solo una muestra con fines didácticos y lo que he podido recolectar es más o menos lo siguiente:

“Oposición oficialista”, “falsos opositores con razonamientos falaces”, “retórica derrotista”, “bufones”, “garantes de la dictadura”, “servidumbre voluntaria”, “políticos acomodaticios”, “recolectores de favores y prebendas sin patria”, “ilusos”, “títeres”, “colaboracionistas”, “oposición corrupta como la dictadura”, “legitimadores de la dictadura”, “claudicantes”, “arrogantes autocomplacientes morales”, “fundamentalistas del voto”, “oposición francamente gobiernera”, “quintacolumnistas”, “agrupaciónde zombis”, “carcamales del puntofijismo”, “neoburocracia política mezquina, regresiva y voraz”, “deshonestos”, “fracasados”, “sermoneadores demagógicos”, “ingenuos”, “cómplices del régimen”, “coalición incapaz”, “coalición viciosa”, “coaliciónputrefacta”, “oposición de accionar incoherente”, “oposición acomodaticia”, “oposición que emplea falsos mecanismos profundamente anti democráticos”, “falsos demócratas”, “improvisados”, “serviles”, “traidores”, “canallas”, “cómplices del asesinato de jóvenes”, “impúdicos”, “cooperadores con la tiranía”......

Y paremos ya la lista.

Como ven, algunos se esmeran en el insulto y hasta son ingeniosos, otros son simplemente despiadados, injustos y algunos términos y calificativos hasta inspiran compasión por lo comunes, ligeros y poco originales. Las expresiones que salen del lado de la barrera de quienes defienden a la MUD y el Frente Amplio hacia quienes han proferido los insultos que reseñé, no son para nada condescendientes o diferentes, pero ciertamente son menos frecuentes y en todo caso, aunque fueran iguales, para lo que quiero destacar y significar ─ya dije que esto teníafines didácticos─ es suficiente con lo aquí recogido. Además, cualquiera de las partes se podría atribuir la autoría de los insultos y considerar a la otra merecedora de los mismos, pues lo que piensan los unos de los otros no es muy diferente.

Estamos en una época de fáciles y rápidas comunicaciones; emitir una opinión sobre algo o alguien nunca había sido tan fácil y las redes sociales hacen que esa opinión “viaje” y se difunda velozmente, pero también irresponsablemente y lo más impresionante es que parece lo normal, sin importar lo que eso significa.

Los juicios, las opiniones, la palabra misma ─como dice una buena amiga─ ha ido perdiendo significado, sentido y trascendencia. Nadie medita sobre lo que dice u opina sobre las posiciones de los otros o las consecuencias que pueda tener; simplemente lo lanza al viento porque lo considera su derecho, y si antes no era fácil que se difundiera, ahora es difícil de recoger.

Lo triste y lamentable es que ahora ─volviendo a nuestro tema inicial─ mucha gente, de los bandos opositores, espera que a quienes han endilgado semejantes epítetos, olviden todo lo expresado y lo que se ha dicho sobre ellos y contra ellos, sin reparo y se sienten y comiencen a conversar ─es tiempo de unidad, dicen algunos─ y a ponerse de acuerdo para desarrollar una sólida alianza que sea capaz de derrotar a esta dictadura, por el método que sea, elecciones, revuelta popular, alzamiento militar interno o internacional, renuncia presidencial, o lo que sea.

Ciertamente hay espíritus superiores, capaces de perdonar cualquier agravio, poner la otra mejilla ─por algo tenemos dos, se dice─ y haciendo de tripas corazón, poner por delante algún principio sublime y abstracto, olvidar todo lo dicho y pasado, como si no hubiera ocurrido, y estar dispuesto a comenzar de nuevo. Pero la realidad es que esa unidad solo se puede construir sobre la base de la confianza, que rutinariamente socavamos y destruimos día a día.

Tal vez quien ha sido insultado piense que como ese insulto nada tiene que ver con él, por lo tanto no se considere aludido u ofendido y no tendría ningún inconveniente en iniciar cualquier tipo de diálogo con quien ha proferido los insultos; pero lo que no logro entender es al “insultador”; ¿Cómo alguien puede sentarse a conversar y llegar a acuerdos con quien considera un traidor, un vendido, un cómplice de una dictadura asesina y corrupta? No va a ser nada fácil ponerse de acuerdo y unificar a una oposición que se ha endilgado mutuamente semejantes calificativos y epítetos, que han socavado la base de confianza y respeto sobre la que se deben apoyar.

Confieso que por más que trato de autoconvencerme que “la política es así” o que quien se meta a político tiene que tener la dura y áspera “piel del cocodrilo”, creo que queda hoy muy poca gente de esa “raza”; muy poca gente capaz de sobreponerse tras estar expuesto a algunos de esos insultos y actuar como si nada hubiera pasado.

Pero, si no los hay, pues habrá que inventarlos, como se suele decir, aunque no sea fácil, pues ciertamente hay que pasar por encima de diferencias y dicterios, para construir una opción que interprete y le llegue al país, le explique al pueblo la raíz de nuestros males y cuál es la opción que queremos construir, para la cual contamos con él.

Esa es la verdadera tarea y la difícil, para la que sí se requiere imaginación y templanza, para encontrar esa idea poderosa, esa palabra, ese discurso, ese mensaje que nos siembre en el corazón del pueblo venezolano y haga crecer en él la esperanza de que si es posible un futuro mejor que el oprobio en el que vivimos.

Esa es la tarea para la que se necesita ingenio, carácter, civilidad, y sobre todo buena voluntad y propósito, porque para insultar, mal hablar, gritar o decir lo primero que nos pasa por la cabeza, no hace falta mucho o quizás nada.

@Ismael_Perez

martes, 12 de junio de 2018

Mapeando la Oposición por @Ismael_Perez


Ismael Pérez Vigil. Politólogo.
Caracas, 8 de junio de 2018

No se ve es tarea fácil el tema de la unidad en la muy amplia, diversa y dispersa acera de la oposición. En todo caso, por lo pronto, lo primero es entender y analizar las diversas posiciones y opciones.

Sin atender a filosofías e ideologías, en 2017 con relación a los procesos electorales, nos dividíamos básicamente en tres grupos: MUD (participantes, que creíamos en la salida democrática, electoral), los abstencionistas y los disidentes del chavismo. Para el 20M se mantuvo más o menos esta división, pero con algunos cambios de “signo”, la MUD y disidentes del chavismo se conformaron en el Frente Amplio Venezuela Libre y llamaron a no participar en el proceso electoral, cosa que si hizo un grupo disidente de la oposición, encabezado por Henry Falcon, su partido, el MAS y un tercio de Copei, entre otros, que llamaron a participar y votar el 20M.

Tras el resultado del 20M, se consolidan estas posiciones eminentemente pragmáticas y electorales. Sin que sepamos aún muy claramente que más hay como estrategia fundamental, aparte de estar a favor o en contra de lo electoral, detrás de cada opción se ha armado el entramado opositor y demócrata del país, el cual pretendemos analizar, comenzando por el grupo más numeroso: la MUD y el Frente amplio.

En torno a la MUD y el llamado Frente Amplio se congregan los No Participacionistas del 20M; compuesto por unas 20 organizaciones en donde destacan: Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo y La Causa R; es de destacar que en este sector hay un importante grupo de “no participacionistas descontentos”, precisamente por haber asumido la posición de no participar en el pasado proceso y que se mantienen muy críticos frente a cualquier opción que plantee este Frente. Hasta el momento, son varias las posiciones sobre estrategia, diferente a lo meramente electoral, que se han asomado en este sector; resumamos algunas.

Si damos por buenas las palabras de Angel Oropeza, Coordinador Político de la llamada MUD, la estrategia de este sector estaría conformada por estos cinco elementos:

1. Promover la presión social democrática, pacífica y articulada a escala nacional 2. Acrecentar la presión externa, mediante la estimulación de la solidaridad internacional.

3. Reforzar el trabajo institucional de la Asamblea Nacional.

4. Acentuar la organización y el trabajo de docencia política entre la población

5. Estimular desde la lucha cívica el quiebre de la coalición gobernante.

Algunos sectores de la sociedad civil, cercanos a esta opción, como el grupo La Colina, han planteado también algunas opciones de estrategia:

1. Reunificar y ampliar hasta lo posible la alternativa democrática, en torno a un proyecto común de rescate institucional y de reconstrucción nacional,

2. Generar esperanza a millones de venezolanos que hoy padecen una calamidad pública,

3. Seguir exigiendo elecciones libres y democráticas,

4. Seleccionar un líder-vocero del gran acuerdo nacional democrático.

5. Definir una ruta de luchas enfocadas en los graves problemas de la gente,

Como se puede ver, fraseando de manera diferente, algunas de las estrategias planteadas por el Grupo La Colina, son similares a las que plantea Oropeza, de la MUD.

Tampoco podemos dejar de mencionar otras alternativas de estrategia planteadas al Frente Amplio; por ejemplo, las realizadas en el evento del Aula Magna el pasado 31 de mayo, Renace la Esperanza, y que se resumen en la posición expresada por el Padre Luis Ugalde:

1. Restablecer la Constitución: eliminar la ANC, cambiar el CNE, liberar a presos políticos y exiliados, restituir a los partidos, tarjetas opositoras y candidatos presidenciales inhabilitados, y establecer las condiciones electorales básicas que diferencian en el mundo entero una votación dictatorial de una elección democrática, libre, justa y transparente. 

2. Buscar “Una Gran Unidad Superior”, donde converjan cuatro factores claves:
El profundo malestar del pueblo que se manifestó el 20M.
Los países e instituciones democráticas del mundo que no reconocen la farsa del 20M y exigen la elección verdadera para el cambio.
Un renacido liderazgo nacional y local en todos los sectores e instituciones: trabajadores, vecinos, empresarios, educadores y universidades, academias, partidos políticos, comunidades espirituales, organizaciones de la sociedad civil, etc.
La Fuerza Armada, que está obligada a restablecer la Constitución y evitar que se perpetúe la miseria.

La incógnita es: lo hasta ahora enunciado como “posición” o “estrategia”, ¿Cubre las expectativas del 70% del país que se ha manifestado contrario a la actual dictadura? ¿Es suficiente con formulaciones generales de propósitos e intenciones? o ¿Lo que la población opositora espera ─y el país en general exige─ es lo que hoy llaman una “hoja de ruta”, con acciones concretas y propuestas más “programáticas”?

En la próxima entrega evaluaremos la posición de los abstencionistas y abstencionarios ─como a ellos les gusta llamarse─ y la de los seguidores de Henry Falcón, hoy agrupados bajo una “nueva oposición”, para completar el variopinto panorama de la fragmentada oposición ─celebrada desde el régimen─ y sobre la cual se debe construir una unidad con fortalezas que nos permitan salir de esta oprobiosa dictadura. Reitero, ¡No es una tarea fácil, pero no debemos hacerla más difícil!

@Ismael_Perez