Por Ing. Norberto Bausson,
22/12/2018
Ya viene, pero no quiero que llegue. No
quiero por ellos, por esos que caminan con zapatos rotos y comen recortado. No quiero porque muchos no podrán poner su arbolito
ni comer en la cena acompañados de su gente, su familia.
En la Venezuela bonita y
querendona la llegada del mes de diciembre era un sinónimo de alegría sin paralelo. Las familias esperaban
con ansias aquellos días para en un alarde de
eficiente desempeño (hasta el más flojo se movía) preparar las tumultuosas
reuniones en alguna casa de la familia.
