Por: Noticiero Digital, José Guerra.
Caracas, 6 de mayo de 2018.
Las cifras del hambre que padecen los venezolanos son incontrovertibles. La Encuesta Encovi correspondiente a 2017 reflejó que durante ese año el venezolano promedio perdió más de cinco kilogramos de peso. Es altamente preocupante el caso de los niños quienes al no ingerir la cantidad de alimentos que exige su crecimiento, están condenados a tener retraso cognitivo y del desarrollo muscular.
En el pasado se pensó que el hambre era el caldo de cultivo para las insurrecciones populares pero ello no parece cierto, porque el hambre no es un instrumento de subversión contra el régimen que la genera sino más bien es un instrumento de sometimiento a la población que la padece.
Un hombre con hambre no es un ser libre. El hambre que sufre el hombre y la mujer de Venezuela es la consecuencia de un modelo económico que donde quiera que se ha aplicado ha provocado una caída de la producción, de los salarios y sobretodo ha destruido la iniciativa de la gente para trabajar y generar riqueza. Ésta, para su crecimiento, requiere un ambiente propicio, que tiene que ver la iniciativa individual para producir, crear bienes, innovar con el lanzamiento de nuevos productos y servicios, todo lo cual es contrario a un sistema opresor dirigido por una burocracia decide quién produce y qué produce. Aquí está la causa última de monumental fiasco del socialismo.
