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miércoles, 7 de febrero de 2018

Leopoldo Provenzali: “Toda Caracas es una ruina urbana”, vía @elestimulo @revistaclimax



Por: Emily Avendaño. El Estímulo.
Caracas, 6 de febrero de 2018.

El exsecretario de Planificación Urbana de la Alcaldía Metropolitana prefiere no hablar del pasado y enfocarse en lo que se puede hacer en el futuro para mejorar la ciudad. Aboga por la accesibilidad, movilidad inteligente y zonas de innovación. Reconoce los problemas, pero es optimista. Asegura que las crisis no son eternas


 
Leopoldo Provenzali se empeña en hablar en futuro, aunque Caracas permanezca encadenada al pasado. Las ruinas de su pretendida modernidad sobrecogen. Edificios abandonados, o grandes obras de infraestructura que después de años permanecen inacabadas y con usos distintos a los que fueron concebidos hablan de la provisionalidad caraqueña, de la ciudad campamento que alguna vez aspiró a ser mucho, pero que una sucesión de crisis hace que ahora sea poco. Caracas está estancada. Muchas de sus edificaciones rondan ya -o superan- los 50 años de antigüedad. La práctica urbanística dice que corresponde renovar, pero cómo hacerlo cuándo lo urgente supera lo importante; y lo urgente es sobrevivir. No poca cosa.

Sin embargo, este arquitecto porfía en proyectar: hay que pensar la ciudad. Las crisis no son eternas. Planificar es su oficio. Pensar y hablar de Caracas su vicio. Con todo y que él mismo admite que propuestas para la ciudad hay muchas y todas existen desde el siglo pasado. No se ufana en la crítica, más bien se detiene en la reflexión. Propone alternativas, busca soluciones, reconoce lo poco que se ha hecho en los últimos años: obras y barbaridades.
Su nueva obsesión es cómo la innovación abre caminos para transformar la ciudad. Para explicarlo no solo se apoya en la arquitectura, también en la educación y la tecnología. “Esto es útil para los países rezagados que buscan cómo entrar al siglo XXI y en eso Venezuela no solo está rezagada, ha retrocedido y ese es el gran desafío: superar el gap del tiempo perdido”.

–¿Cómo desde la arquitectura puede mejorar la calidad de vida si la gente solo está pendiente de buscar comida?
–Esta situación política, social en la cual estamos entrampados nos reduce a una condición de sobrevivencia. No es una cuestión exclusiva de los sectores humildes, así estamos todos, y eso nos lleva a unas condiciones de humillación y de indignidad. ¿Cómo abordar eso? A través de la movilidad y accesibilidad inteligente; del desarrollo inteligente, hay que pensar cómo utilizar los recursos que la tecnología y la educación nos brindan para transformar el modo de vida de los habitantes de la ciudad. ¿Hay que esperar que construyan nuevas escuelas o transformamos completamente el sistema educativo y vamos a uno muchísimo más avanzados desde el punto de vista del enfoque pedagógico? Eso garantizaría el acceso y además les enseñaría qué es lo que tienen que hacer para vivir bien, como se debe. La educación y la tecnología son el binomio para enfrentar el drama. La accesibilidad y movilidad inteligente tiene muchísimo que ver con el acceso a los servicios de salud, de educación, culturales, financieros. Todos los servicios que tienen que estar al alcance del ciudadano.

–Pero en Caracas, por mencionar un ejemplo, el transporte público, sea el Metro o las camioneticas, no son una conexión, son una barrera.
–En el este de Caracas los índices de uso de automóvil son 10 veces más altos, que el porcentaje de uso del automóvil en el oeste. Eso trae congestión, caos humano, porque efectivamente hay una necesidad de transporte. A mí me preocupa muchísimo cada vez que el Metro se para. Los ríos de gente caminando en la avenida Francisco de Miranda son terribles. ¿Caminan hacia dónde? No hay alternativas, cuando debería haber muchísimas. ¿Cómo es posible que el único canal exclusivo que exista sea el del Buscaracas? Debería haber canales exclusivos en toda la ciudad; porque la prioridad es el transporte masivo.

***

El reto, explica el exsecretario de Planificación Urbana de la Alcaldía Metropolitana, tiene que ver con la calidad de vida, la sostenibilidad y las condiciones de vida en ciudad; en especial cuando se trata de un área con un crecimiento desigual, en el que no está claro si quiera quién es la autoridad y cómo se organizan los distintos niveles de gobierno que constituyen la escala metropolitana. La última estocada llegó el 20 de diciembre, cuando la -ilegal- Asamblea Nacional Constituyente eliminó la Alcaldía Metropolitana y con ella el Instituto Metropolitano de Urbanismo, a quien le correspondía actuar como autoridad superior en la ordenación de este territorio, que ahora luce partido en dos mitades. La primera en el estado Miranda y la segunda en el Distrito Capital que, a su vez, comparte territorio con el municipio Libertador.

–¿Cuáles son las consecuencias de que hayan suprimido la autoridad central?
–El problema se agudiza en tanto que no hay gobernabilidad. Han pasado casi 20 años desde que se promulgó la Constitución de 1999, que establece en el artículo 18 la unidad político territorial de Caracas, el desarrollo integral y armónico y el gobierno municipal de dos niveles. No es que yo quiera o no quiera. La Constitución así lo establece. De lo que se trata es justamente de cómo transitar hacia la constitucionalidad de la ciudad de Caracas. Hay que cumplir con esas improntas porque hay un tiempo perdido que tiene que ser recuperado.

–Con el tiempo transcurrido los problemas estructurales de la ciudad se han agudizado.
–Cómo puede una ciudad ofrecer las oportunidades que el siglo XXI le debe ofrecer a sus habitantes, cuando los elementos de la sostenibilidad: la preeminencia del espacio público sobre el espacio privado, el patrimonio, el acceso a los servicios públicos aún no se han resuelto. La equidad en la ocupación del territorio tiene que ver con un desarrollo desigual porque hay una población mayoritaria, que vive en condiciones de infraurbanidad. Todo esto trasciende el nivel metropolitano. Vale para todas las ciudades de Venezuela. Hay un problema de distribución equitativa de la población en función de las densidades. Los espacios que deberían ser menos densos son los espacios más ocupados: los barrios. Allí hay densidades que van desde 600 a 800 habitantes por hectárea, sin servicios. Esa es una situación de inequidad. La revolución habla de humanismo e inclusión, cuando aquí lo que se ha producido es exclusión de la pura y dura.

–¿Se podría retomar el plan de habilitación de barrios de principios de 2000?
–Eran cinco programas encadenados y cada uno respondía a una estrategia. Habría que revisarlas, pero yo creo que todavía son aplicables. Hay que iniciar un cambio, a partir de ideas innovadoras que realmente induzcan a una trasformación de la ciudad, desde tres perspectivas: equidad social, calidad de vida y productividad.
–¿Y qué sucede con la infraestructura de la llamada ‘ciudad formal’?
–Caracas tiene un patrimonio edificado, que cada día está más obsoleto, por un problema de falta de mantenimiento o falta de renovación. Desde la perspectiva de la técnica urbanística, las edificaciones que pasan de 50 años son edificaciones que se consideran blandas. Es decir, están sujetas a renovación. En Caracas no hay construcciones nuevas, no hay urbanizaciones nuevas, no hay desarrollos nuevos.
–Pero ahora se ven muchas construcciones en la Francisco de Miranda, en Altamira y Las Mercedes.
–Hay capitales limpios y capitales no son tan limpios que se están utilizando para aprovechar esta coyuntura económica. ¿Cómo se aprovecha? Construyendo. El diferencial cambiario se aprovecha en la mano de obra. En los costos de construcción hay un elemento que es inamovible, que es el costo de la tierra, eso no se devalúa. Lo que sí se ha devaluado son los insumos de la construcción y la mano de obra. Entonces, dónde puedes garantizar a mediano y largo plazo los capitales: construyendo. Y no necesariamente tienes que vender de manera inmediata. Se trata de un bien transable en el mediano y largo plazo. Son inversiones garantizadas en el tiempo; pero no están construyendo viviendas de interés social, hospitales, escuelas, sino oficinas y apartamentos de lujo. Allí es donde se empiezan a manifestar las inequidades.

–¿Y estas obras le aportan algo a la ciudad?
–Por supuesto. Los males no son permanentes, esta crisis no es permanente. Es imposible que sea permanente; por una sencilla razón: la gente va a reaccionar. En Venezuela, si no sucede nada, la hiperinflación puede durar de 11 a 15 meses. En 4 años no ha habida crecimiento económico, sino decrecimiento. En estos 20 años se ha gastado el doble de lo que se gastó en los 40 años de institucionalidad democrática; pero no hemos tenido como compensación las obras que se hicieron en el siglo pasado.

–En su opinión, ¿cuál fue la última obra más importante qué se hizo en Caracas?
–Con beneficios sociales, reconozco los trabajos de ampliación de la autopista, aunque se hayan hecho de forma absolutamente irracional. Sin embargo, la Valle-Coche se movía a 5 kilómetros por hora, en hora crítica, y ese índice mejoró. Las obras en la autopista independientemente de que no se hicieron dentro de la ortodoxia de la buena práctica vial, han ayudado. A pesar del dineral, de la corrupción, pienso que el Buscaracas es una buena inversión porque facilita el tránsito en sentido norte-sur. También estuvo mal hecho, mal planificado. Obras del Metro, como los metrocables. Un terminal como esos reordena el espacio urbano en los barrios. En cambio, en materia de vivienda se botó el dinero. Lo que se hizo en Fuerte Tiuna posiblemente tenga que ser demolido, allí no se cumplió con ninguna norma urbanística. Esos espacios tendrían que estar integrados a la ciudad.

–¿En términos tangibles qué  hay que hacer para que haya equidad, calidad de vida y productividad? Considerando que los planes para Caracas ya están todos hechos y engavetados.
– Para que haya equidad en materia de vivienda hay que pasar por un proceso de transformación radical de barrios, redensificar la ciudad con altos criterios urbanísticos. Rezonificar, pero garantizando lo que las rezonificaciones modernas generan: reequipamiento y renovación de los servicios. Eso se llama renovación urbana; pero cuando el Ministerio de Obras Públicas comenzó a renovar la parte alta de San José y La Pastora fue un desastre, por eso la renovación urbana tiene que ser hecha por urbanistas virtuosos, con la participación de la ciudadanía y con una visión democrática del uso del espacio.

–¿Y en cuanto a la productividad?
–En otros países del mundo se habla de islas de innovación. Hay zonas de Caracas con usos potenciales. La Floresta, San Bernardino, Altamira y La Trinidad son distritos médico asistenciales potenciales. La zona industrial de Boleíta y Los Ruíces es otra zona de innovación. Hay proyectos que inducen esos procesos de transformación: la Zona Rental de Plaza Venezuela se equiparaba con la Potsdamer Platz en Berlín, y eso está abandonado. Aquello está produciendo millones de euros desde que lo construyeron y esto está muerto.

–Renovar un espacio así cuánto tiempo requiere.
–Primero hay que tener un proyecto de ciudad, en cinco áreas estratégicas. Proyectos urbanos que generen externalidades económicas. Habría que trabajar los alrededores del Parque del Oeste en una gran operación que llegue hasta Catia. En el centro, la Zona Rental es un proyecto que hay que rescatar. Hacia el este hay un gran proyecto que debería arrancar desde el Parque del Este hasta Los Ruíces. Al sur hay que abarcar el centro histórico de Baruta, transformar los barrios de Baruta y la zona industrial de La Trinidad. Y luego convertir a las universidades en los instrumentos de trasformación de la ciudad.

–Para lograrlo habría que trascender del tema político, que invade todo, empezar a pensar técnicamente y planificar.
–Los proyectos de transformación de la ciudad deben ser grandes, generar beneficio económico y rescatar la conexión con el espacio público. Así como está Caracas es una ruina urbana; por eso es que hemos hablado del proceso de trasformación. El gran desiderátum es cómo transformas una ruina en un espacio rentable, con calidad de vida y con futuro.

Tomado de: http://elestimulo.com/climax/leopoldo-provenzali-toda-caracas-es-una-ruina-urbana/

Luis Ugalde: “El estado de ánimo delvenezolano puede cambiar en una semana”, vía @elnacional



Por: Humberto Sánchez Amaya. El Nacional.
Caracas, 5 de febrero de 2018.

El ex rector de la UCAB reitera que las elecciones convocadas por la asamblea nacional constituyente no son democráticas. Considera que Lorenzo Mendoza es el candidato de la mayoría de la población.

El padre Luis Ugalde ingresó hace dos semanas como individuo de número de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, institución que elogia por la labor que ha desarrollado durante años, especialmente en momentos en los que desde el gobierno se ha querido minimizar los avances de la época democrática.

“Prácticamente la historia ha desaparecido en el currículo de primaria y bachillerato. Con Zamora llenan el siglo XIX y con Chávez el XX. Todas las cosas importantes que se han hecho no existen. Buscan instaurar que no hemos hecho nada significativo; si acaso Bolívar, pero después, nada. Zamora es un mito que ganó un par de batallas y después lo mataron. Esa no es la historia de un país que está lleno de realizaciones”, afirma el sacerdote jesuita, ex rector de la UCAB.

—En su discurso de ingreso a la academia habló de no ignorar los logros comprobados del país. ¿Pero cómo mantener eso como motivo de esperanza?

—Has puesto el dedo en la llaga. La palabra clave es la esperanza. Usemos una imagen del campo: si un agricultor está convencido de que la semilla echada en tierra no va a producir nada, bien sea porque va a llover o la tierra o la semilla están malas, ese señor no puede trabajar. Sería loco laborar para algo que no se va a producir. Esa es la diferencia de la esperanza. La Biblia presenta al sembrador como el hombre de la esperanza. Se esfuerza para ver la cosecha. Hoy día para recuperarla y lograr el cambio, necesitamos que esos cambios sean perfectamente posibles y necesarios. Si es así, este año comenzará. La Constitución exige unas elecciones, que no son las que tramposamente quiere hacer la asamblea nacional constituyente, cuya existencia es también tramposa. Tenemos en 2018 establecido las elecciones democráticas. Necesitamos que a la mayor brevedad todos nos unamos en lo fundamental, exigiendo unas elecciones y haciendo presión nacional e internacionalmente. Afuera están claros, hace un año no. Han dicho que estas elecciones planteadas son dictatoriales. No hay que gastar el talento en rebajarnos unos a otros entre demócratas. A lo mejor alguien no piensa como uno, pero somos complementarios, en la misma dirección.

—¿Entonces está de acuerdo con lo expresado por la Conferencia Episcopal Venezolana la semana pasada?

—Absolutamente. Empieza con algo que todo venezolano debe tener en la cabeza: que la asamblea nacional constituyente es inconstitucional e ilegítima. Cuando dice que es supraconstitucional, proclama su condición dictatorial. El CNE no puede estar subordinado a la constituyente; además, debe ser neutral. Luego dice un par de cosas más importantes, que es un despropósito ético y humano que en medio de una situación de penuria como la actual, se privilegie y se monte un espectáculo de distracción y alienación. Ahora, lo que dice la Iglesia debe decirlo el mundo académico, empresarial, organizaciones, sindicatos. Cuando veamos que en coro planteamos eso, amaneció la democracia.

—Pareciera que este comunicado dice lo que algunos partidos de oposición no expresan con la misma contundencia.

—¡Por supuesto! Por lo general, en estos temas la Iglesia no suele meterse directamente porque no es su oficio particular. Para eso están las instituciones, pero estas se han violado todas. En el caso extremo se genera una crisis humanitaria de proporciones como las actuales. Entonces la Iglesia tiene que salir, porque si no está negando el Evangelio. El asunto es de vida o muerte. No puedo hablar de amor al prójimo si dejo que la gente muera. Mueren los millones que se van del país y los millones que están dentro y no tienen comida, empleo o ingreso salarial que no pierda su valor. Todos saben en el gobierno, y por supuesto la oposición, que esto no mejorará en seis meses.

—¿Y qué pasa entonces con la oposición?

—Tengo la esperanza, por lo que he visto en los últimos meses y no ha salido al público, de que eso se va a dar, y en los próximos días. Van cayendo en la cuenta de que divididos no sirven para nada y que la población no les creerá nada si no los ve unidos y centrados en los grandes problemas de la población. Esto se debió haber logrado hace tiempo. Si los obispos pueden decir una realidad clara del país, ¿por qué los partidos no, si ese es su oficio? 

—¿Considera entonces que el diálogo en República Dominica fracasará?

—Si vas a jugar fútbol contra el Barcelona, lo más probable es que no le puedas meter goles. Sabíamos todos, incluso los que han ido al diálogo porque no son tontos, que el gobierno hará lo posible para no ceder en nada y lo ha demostrado. Quiere las elecciones mañana para que no nos podamos unir y hacer campaña, actualizar el registro, quitar las inhabilitaciones. Pero la oposición ha sido inteligente. Este no es como los otros diálogos. Ha llevado a países que no son aliados del gobierno. El mundo democrático es consciente de lo que está pasando, de que acá hay un golpe de Estado por parte del gobierno. Sin presión, el gobierno no va a ceder en nada. Entonces hay que reunir la presión externa de los demócratas con la presión interna de los demócratas. No es posible que siendo los venezolanos que queremos el cambio, más de 80%, nos dejemos derrotar por el 25%.

—¿Qué debe hacer el venezolano con estas elecciones convocadas por la constituyente?

—En mi artículo de la semana pasada, dije no a la elección dictatorial y sí a la que está determinada según la Constitución. Si digo que no voy a elecciones porque me harán trampa, entonces no me movilizo. El país está paralizado anímicamente por falta de esperanza, pero si al mismo tiempo todos los grupos decimos que sí a la elección democrática, y apostamos por la unidad, todo cambia. Es indispensable que la unidad no solo sea de partidos, sino de toda la sociedad que defiende la democracia, los derechos humanos y valores morales indispensables para rescatar la República, con una economía sana, productiva y sin pobreza. En esta línea debe manifestarse el mundo empresarial, el académico, las organizaciones gremiales y las iglesias, los ortodoxos, luteranos, protestantes y rabinos. Así, la gente desengañada, recupera la esperanza. El estado de ánimo del venezolano puede cambiar en una semana.

—En el acto de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela asistió Lorenzo Mendoza. En los pasillos se decía que es su candidato.

—(Sonríe) No, en eso no me he metido y nadie encontrará ni media página en la que yo haya dicho eso. Sería un despropósito que me metiera en ese asunto. Además, hasta donde yo puedo entender, él no quiere ser. Lo que sí puedo decir es que si mañana hay una encuesta, arrasa. Es el candidato de los venezolanos, incluso de los chavistas. Es el candidato de la población más pobre, también.

—¿Por qué?

—Bueno, aparte de las cualidades personales, que las tiene y extraordinarias, a él lo han amenazado de forma bruta y descarada, y él no se ha ido. Tenemos un fracaso productivo monstruoso. La gente ve que esa es nuestra enfermedad. No hay empresa estatizada que funcione. ¿Y quién es exitoso productivamente? ¿Dónde están las marcas de harina de maíz en poder del Estado? En cambio, la de Polar está ahí. Además, las personas ven que es alguien que quiere a su país, que es honesto, competente y exitoso; que es lo que necesitan. La población ha descubierto que la única manera de salir de la pobreza es la productividad. Este señor ha dado empleo y productos. No se trata del engaño de redistribuir la riqueza mítica, sino de dar la oportunidad de empleo y buena educación, para activar esfuerzo y talento para vivir de lo que se produce y no de la limosna. Hay que potenciar al pobre para que surja.

—En su discurso en la academia habló también de la dictadura, pero le agregó un calificativo ideológico: socialista, un proyecto que no todos cuestionan en la oposición. ¿Fracasó la ideología de izquierda?

—La tragedia venezolana es no haber sabido leer lo que ocurría. Es claro que teníamos una crisis en los ochenta y noventa. Nuestra desgracia es que vino un médico y recomendó un remedio que no funcionó en otros pacientes. No lo dijo en el primer momento. Al comienzo habló de acabar con la corrupción, el abuso y otras cosas. No usó la palabra socialismo, mucho menos comunismo. Luego, se casó con una fórmula que no cura, con efectos colaterales. Yo lo dije en un artículo de 1998, titulado “El gobierno de Chávez”. Fui a un mitin y afirmé que él prometía los lugares comunes de la izquierda de los sesenta. Cayó el Muro de Berlín por la desesperación de la gente, no porque lo tumbaron los gringos. El bloque soviético se desmoronó después de tener el poder total. Cuba, obviamente, está en la miseria. Corea del Norte es impresentable. ¿Cómo se me ocurre a mí decirle a la gente que nos salvará una fórmula fracasada? Esa es nuestra tragedia. Claro, es un disparate que le gusta a los oídos. Eso de derrotar a los ricos, el imperio y los partidos que se apropian de la riqueza del venezolano. Entonces, él pedía que lo apoyaran para derrotar a esos enemigos y repartir esa riqueza. Eso es una gran mentira, que este país es rico. Hay un potencial bajo tierra, pero solo el trabajo y el talento nos hacen ricos o pobres. En estos momentos el talento está pisoteado y por eso pasamos penurias. Estamos en la miseria.

—En ese contexto, hay quienes reivindican en contraposición el libre mercado, el capitalismo, como solución.

—Bueno, todas las fórmulas unilaterales son malas. La sociedad tiene que tener dos piezas fundamentales. La productiva y la que hace la convivencia: la solidaridad. La economía debe ser de libre mercado, de iniciativa privada. Esto da la condición humana y genera diferenciación en la sociedad porque unos producen más y otros producen menos. Es indispensable esa libertad y diferenciación para premiar la productividad. Si soy un vago y no produzco, y tú trabajas y produces, pero ambos recibimos el mismo pago, hasta ahí llegamos. Pero si tienes en un territorio mecanismos diferenciadores dejados por sí solos, llegan un momento en el que la sociedad es invivible porque las distancias son cada vez mayores y nos caemos unos a otros en guerras civiles y conflictos sindicales. Una sociedad inteligente sabe que esto es una pieza lógica; la otra es la solidaridad, que contribuye a que haya comunicantes. Por ejemplo, Francia y Alemania vivieron guerras espantosas, hasta que cayeron en cuenta de que si a los trabajadores no les va bien, no ocurrirá lo mismo con el capital. A la sociedad le interesa que la pobreza se reduzca. Todas las sociedades avanzadas tienen un pote común, en el que depositan un porcentaje en impuestos para la salud, la educación, la seguridad, regulación del trabajo contra los abusos. El liberalismo radical, sin el otro complemento, es un suicidio. No hay un solo caso que demuestre lo contrario. La solidaridad también son las instituciones, desde respetar el semáforo, pagar impuestos, y la Constitución.

—La clase media, factor determinante en una sociedad, está disminuida porque pierde ingresos o se va del país.

—En el marxismo es considerada traidora, pues piensa que el que era pobre ayer, quiere salirse de eso y ser como los empresarios. En la visión del sentido común, la clase media es el símbolo de la esperanza. Aquella cuyos padres tal vez no pudieron ir a la universidad, pero sí los hijos. Ahí está la solidaridad, el pote solidario, que ha hecho maravillas y eso hay que recalcarlo. Cuando la clase media se incrementa, esa que cree en el esfuerzo y la oportunidad, ve en el futuro de sus hijos la prosperidad. Pero varios ministros han dicho que si el pobre deja de serlo, ya no es aliado de ellos. Claro, no dependerá de ellos.

Los que se van

El padre Luis Ugalde comprende las razones de los que deciden emigrar, pero les dice: “Creo que hay mucho más porvenir activándonos acá. Claro, hay quienes se han ido por amenaza o porque no encuentran oportunidad. Lo importante es que no haya agresión ni división entre quienes se quedan o se van. También hay que darle la vuelta, el país se internacionaliza. De pronto en un cambio político, algunos retornarán, pero otros se quedarán y harán cosas que beneficien al país desde afuera, como potenciar el turismo a Venezuela desde lo países en los que están”.

Tomado de: http://www.el-nacional.com/noticias/entretenimiento/luis-ugalde-estado-animo-delvenezolano-puede-cambiar-una-semana_221861 

María Eugenia Mosquera: “No hemos logrado construir una esperanza democratizadora”, vía @prodavinci



Por: Hugo Prieto. Prodavinci.
Caracas, 3 de febrero de 2018.

Tradicionalmente, febrero ha sido un mes donde la política se traduce en incertidumbre. Hoy, además, el gobierno conmemora otro aniversario del fallido golpe del 4-f, que devino en la crisis que hoy tiene al país en ascuas.
Si los factores políticos en pugna (gobierno y oposición) suscriben mañana lunes, en República Dominicana, un preacuerdo que ofrezca garantías de una elección libre y competitiva, el diálogo y la negociación habrán dado frutos. De lo contrario, los interlocutores que han presionado tras bambalinas, aparecerán de cuerpo entero. Uno de ellos, Estados Unidos, ya tomó cartas en el asunto, mediante la declaración del jefe de la diplomacia estadounidense, Rex W. Tillerson. Postura que no sólo fue rechazada por el gobierno de Nicolás Maduro, sino por el alto mando de la Fuerza Armada Nacional. Los otros factores que están en juego: Rusia, China y en menor medida Cuba, han guardado silencio, pero están hablando con hechos.
Quizás el desenlace del drama se anuncie en las próximas horas. Quien habla, desde una clara experticia en el terreno comunicacional, es María Eugenia Mosquera, quien por 19 años ha presidido Vale TV, e integrante de la comisión asesora de la Mesa de la Unidad Democrática. Las cosas han resultado tan sorpresivas y contradictorias, que sugerir un desenlace, sería un sinsentido y una total irresponsabilidad. Vaya por delante la sentencia de filósofo Yogui Berra. “El juego no termina hasta que acaba”.
La oposición venezolana aceptó ir al diálogo tras el fracaso de las protestas de 2017 y de la respuesta del gobierno, que fue imponer la Asamblea Nacional Constituyente. Además, la oposición va dividida y sin una estrategia clara en el terreno electoral. ¿Con qué sector de la oposición está dialogando el gobierno?
Lo primero es que el diálogo y la negociación son, por principio, un ejercicio democrático, tenga resultados o no. Además, son instrumentos esenciales de la política. Partiendo de esta base este era un camino que había que transitar. O que la política debía transitar como se han transitado otros caminos. De alguna manera, creo que los políticos venezolanos habrán ganado, habrán ganado grandeza, habrán ganado el esfuerzo unitario de ir juntos a una negociación, en la búsqueda de garantías electorales. Yo creo que es ganancia desde el punto de vista de lo que es la ciencia política.
A la distancia, uno podría decir que es un procedo didáctico, educativo, pero eso no resuelve el problema de Venezuela. La pregunta es si hay una estrategia eficaz que tenga resultados. Si el diálogo no ofrece garantías, no vamos a ninguna parte.
Quizás te sonó didáctico, pero esa es mi posición con respecto al diálogo y la negociación. En Venezuela vivimos un momento de gran complejidad política, económica y social. Es claro el colapso económico y creo que no tiene antecedentes en nuestra historia. La crisis es tal que podría llevar a un colapso social aún mayor. En distintas oportunidades, yo misma me he preguntado cuál es la solución, ¿Cómo se ayuda a la gente que está sufriendo? ¿Cómo se ayuda al que vemos todos los días huyendo del país?, y la respuesta que me he dado es esta: Si tenemos un problema de tal magnitud, en un país que convive con una mezcla de legalidad e ilegalidad, las soluciones nunca van a ser las clásicas. Ni los golpes de Estado, porque ya es otro tiempo histórico y las formas son diferentes, me refiero a las formas de hacer la guerra, por ejemplo, o de hacer los cambios políticos; ni tampoco será la vía tradicional de unas elecciones. Todo nos indica que la salida es negociada, a pesar de los detractores, sin razón o con razón, de la incertidumbre y la desconfianza, de las cuentas nuevas y viejas que se les están cobrando a los partidos políticos, es acumulativo, por los errores. Entonces, es natural que pensemos que la negociación no va a llegar a nada. Pero si uno piensa, hay una posibilidad pequeña de lograr unas elecciones transparentes, sin ceder en los principios, ¿por qué no intentarlo?
Ya se han sacrificado demasiados principios y, como acaba de decir, nos estamos moviendo entre la legalidad y la ilegalidad. Es muy difícil visualizar el resultado de este diálogo o la eficacia que pudiera tener.
Si este diálogo y este proceso de negociación no tienen resultados de ningún tipo, quiere decir que la conflictividad en el país, política, social y económica va a aumentar. Por lo tanto, cualquier situación inimaginable será posible. No estaremos en control de ninguna situación. Ninguno de los venezolanos, ninguno. Eso me lleva a pensar ¿Cómo terminará resolviéndose esto? ¿Por la vía militar? ¿El gendarme necesario? ¿El que nos trajo el 4 de febrero? ¿El que no pudo cambiar 40 años de democracia? ¿Será lo que tendremos en el futuro? Ahí es cuando me digo a mí misma tenemos que transitar los caminos democráticos, los ejercicios democráticos, e intentar que los políticos trabajen unidos, porque no es un problema exclusivo de los políticos, es un problema general de unidad del país.
Uno ve la militarización del gobierno y pareciera que sólo hace falta un acto solemne, no sé si en el Palacio de Miraflores o en la Comandancia General del Ejército y se oficialice lo que ya estamos viviendo: una dictadura militar por todo el cañón. Entonces, el futuro ya llegó. Es la falta de libertades, es la arbitrariedad, es esto que estamos viviendo.
Nuestra historia ha estado plagada de militarismo, de una seguidilla de golpes militares. No logramos, con la democracia, cambiar esa historia, no logramos modificarla. Muchos han justificado el 4-f basados en esa historia de caudillos. Otros, historiadores, politólogos, sociólogos, lo atribuyen al tema económico, que tiene sus raíces en la profunda crisis que estalló en el gobierno del ex presidente Luis Herrera, que se fue agudizando y terminó en el famoso Caracazo, en 1989. Yo soy de las que piensa que las causas del Caracazo están más vigentes que nunca, que la gente sigue en la calle pidiendo reivindicaciones que no hemos logrado entender. Más allá de hacia dónde vamos, lo que sí compartimos todos los venezolanos, no importa en qué trabajes o en qué te desempeñes, es la profunda incertidumbre del futuro. Eso se debe, más allá de lo que estamos viviendo, en que no hemos logrado construir una esperanza democratizadora; una ruta, un camino, hacia una democracia más fuerte. No la han logrado construir los políticos, pero tampoco los ciudadanos.
No hemos podido construir esa esperanza democratizadora, pero puntualicemos una cosa. ¿Usted cree que a este gobierno le interesa la democracia?
No. Creo que al gobierno actual le interesa el poder. Creo, además, que a todos los políticos, por esencia, les interesa el poder. Cuando escoges el camino de la política es porque tú, básicamente, aspiras a tener poder. Yo no estoy criticando a los políticos, entre otras cosas, porque nunca he vivido de la política como oficio, como trabajo. Me atrevo a opinar desde mi perspectiva de ciudadana, luego reflexiono: ¿Qué han hecho mal los políticos? ¿O qué han hecho los políticos para que estemos en esta situación? Pensemos, como una hipótesis, qué ha hecho el gobierno para mantenerse en el poder 19 años. La respuesta que yo misma me doy es: Un manejo del tema económico a través de PDVSA, luego un manejo de la política comunicacional extraordinario, luego el andamiaje militar y por último la geopolítica, primero con los cubanos y más recientemente con Rusia y China. Entonces, le geopolítica ha marcado la diferencia con procesos como los de Centroamérica. Aquí está jugando la geopolítica.
Sí, eso es innegable. Pero habría que decir, con relación al tema de la democracia, por ejemplo, que aquí hay una Constitución que, teóricamente, marca el camino que debería seguir un político para acceder al poder. Yo creo que ese camino está, digamos, como las calles de Caracas, ahuecadas, llenas de baches.
Yo he sido muy crítica dentro del grupo asesor, quizás la voz disidente, por muchas razones. Quizás porque no formo parte del grupo estratégico de la MUD, quizás porque no milito en ningún partido político. Es decir, soy totalmente libre para poder opinar. He dicho lo que creo que se debe decir en diferentes momentos, y sobre todo he dicho que la falla fundamental no es ni siquiera en lo que se hace sino en la estrategia comunicacional, transparente, oportuna y directa. Si a la gente se le dicen las cosas con total transparencia y en el momento adecuado, la gente las entiende. El problema es cuando no se dicen, entonces comienza la desconfianza, que se convierte en una bola de nieve.
Una de las cosas que hay que discutir, no sé si en esa mesa de negociación o en la sociedad venezolana, es que una de las cosas que hay que rescatar es la constitucionalidad. Sin constitucionalidad no hay democracia, no hay diálogo.
Absolutamente, la Constitución debe ser la bandera de todo lo que se haga. Los partidos políticos tienen que rescatar muchas cosas, no solamente el tema de la constitucionalidad como elemento básico de la democracia, también la convivencia, también la unidad real como principio. Los momentos en que Venezuela ha tenido fuertes crisis políticas, que las ha habido, los venezolanos hemos sabido encontrar los caminos de la paz y casi siempre esos caminos han ido de la mano de una verdadera unidad. En 1958 se fue construyendo, ¿correcto? No se decreta, se construye la unidad, se construye la paz y un camino democrático. Aquí hay que intentar hacer lo mismo, pero no se le puede dejar solo a los partidos. Si les vamos a dejar a los partidos todas las decisiones importantes del país, entonces estamos mal como sociedad.
Si el tema es buscar una salida electoral, tal vez lo que haya que pedirle al gobierno es que cumpla con lo que establece la Constitución.
A todo gobierno hay que pedirle permanentemente que cumpla con la Constitución. Por eso dije al principio que aquí tenemos una mezcla de legalidad e ilegalidad y cuando eso es lo que tienes, tú te puedes cansar de pedir ciertas cosas. Te puedes cansar como ciudadano, incluso como partido político. No necesariamente te las van a dar. Ahí es cuando tienes que buscar una salida no clásica al conflicto, le guste o no a la gente, y esa salida es negociada. Si no se permite ese acuerdo, lo que le viene a Venezuela es algo mucho peor: Un conflicto que irá escalando en lo económico, en lo político y en lo social. Antes o después va a haber negociación, yo preferiría que fuera ahora.
El panorama que acaba de describir está a la vuelta de la esquina. ¿Usted cree que en República Dominicana habrá algún resultado?
No, pienso que no. Pienso que era un camino que había que intentar como se intentó en 2002 o como cuando el Vaticano intervino y quiso propiciar un diálogo transparente entre los diversos actores de la sociedad. Es muy difícil que se lleguen a acuerdos que nos ayuden a resolver el conflicto, especialmente el conflicto social y económico. No creo que se den los resultados que necesita la sociedad venezolana.
¿Los partidos políticos que están negociando con el gobierno comparten su opinión?
Creo que algunos creen que el diálogo puede contribuir a resolver el conflicto político y transitar hacia unas elecciones y abrir un camino que puede ayudar a resolver otros conflictos de la sociedad. Sí, hay unos que lo creen genuinamente. Los negociadores representan diferentes estilos, diferentes criterios y diferentes modos de hacer la política. Pero créeme que en el gobierno hay más fracturas que en la oposición.
¿Este no sería el momento para que el gobierno haga una concesión que permita pensar que las negociaciones van en serio?
Hasta este momento en el gobierno no había dado ninguna señal de querer negociar seriamente. Si el gobierno diera esa señal, eso indicaría que vamos en un camino hacia una transición, entendiendo la transición como una vía democrática que nos llevaría a unas elecciones que, a su vez, nos llevaría a otro tipo de negociación, de pacto, para el día después. Así es la política, así pasó en Chile, en Argentina y en Centroamérica. Así ha pasado en todas partes. Cuando tú tienes señales, eso te indica que se abrió la transición.
¿Usted no ha visto ese elemento sobre la mesa?
Yo no he estado en las negociaciones internas.
¿Qué probabilidades ve usted de que esas señales aparezcan?
En este momento muy pocas. Ya debieron haber aparecido, por la magnitud del conflicto. No sólo político, sino social y económico.
La señal ya la dio la Asamblea Nacional Constituyente al llamar a elecciones, sin tomar en cuenta a los otros actores de la mesa de diálogo. Ya el gobierno hizo su jugada, a través de esa instancia que ha demostrado su naturaleza monárquica e imperial. ¿No le toca a la oposición pronunciarse? ¿Si se levanta o no de la mesa?
Si no se produce el tránsito hacia una solución democrática, yo creo que los partidos, de forma unitaria, deberían tomar la decisión. Es decir, tú tienes que exigir garantías, tú tienes que exigir unas cosas. También estoy clara que en toda negociación, siempre las dos partes tienen que ceder en algo. Siempre, sino no hay diálogo y mucho menos negociación. Lo que yo he sentido es que en diciembre estábamos en un punto, parece que avanzamos tres pasos y retrocedimos cinco. ¿Por qué? Porque cuando tienes que partir de la legalización de los partidos y luego discutir la fecha electoral, pues los pasos que habías avanzado en diciembre los retrocedes. Ahora tienes otros elementos que negociar. No se trata de patear la mesa, porque la negociación es un instrumento de la política, pero tienes que estar muy claro en qué cedes y hasta dónde cedes.
En el terreno comunicacional, el vocero del gobierno es Jorge Rodríguez. ¿Quién es el vocero de la oposición? Si no hay vocero, no hay mensaje y esa falla de origen, dentro de la oposición, se está reflejando en el manejo comunicacional de la crisis. El señor Rodríguez dijo, entre otras cosas, que la oposición había aceptado ir a elecciones en el primer semestre de este año. Es decir, no hubo sorpresas.
Desde el primer momento yo he dicho, y lo saben todos mis compañeros, que había que cambiar las estrategias comunicacionales en general, que había que tener una vocería diversificada, con roles específicos, y que había que ser transparentes con la gente. También insistí que estamos en un momento en que la comunicación es de crisis y en crisis y, por tanto, la vocería tenía que ser tan emocional y cercana como la crisis misma. Que no es época de comunicados, que es época de ver los rostros y escuchar las voces de los líderes políticos. Que si bien eso no soluciona el conflicto, por lo menos genera cercanía y confianza con la gente, y que eso se tiene que hacer en momentos específicos, que los tiempos y los momentos son sumamente importantes. Esa ha sido una insistencia que yo he tenido permanentemente. Y creo que he sido muy fastidiosa.
Pero no le han hecho caso.
Pareciera que no. Pero desde mi experticia en comunicación, he insistido y de manera reiterada en qué es lo que se tiene que hacer. Siento que la presión es tan grande, que están absortos en la negociación y en la presión que tienen, y que al no ver diseñado políticas de comunicación de crisis previamente, los pone en una situación de debilidad frente a su audiencia. Obviamente, el señor Rodríguez tiene una habilidad comunicacional propia y eso es una ventaja para el gobierno. Por algo es actualmente ministro de Comunicaciones.
Si en el marco general de las negociaciones es improbable que se den resultados y en el marco particular, en las comunicaciones, no le han hecho caso, ¿Por qué sigue en la comisión asesora de la MUD? ¿Para qué arriesga su prestigio? ¿Lo ha pensado?
Les he dicho a algunos integrantes de la comisión asesora, que mi aporte a ese mecanismo ya lo había hecho, lo tomaran en cuenta o no o les sirviera para procesos posteriores. Lo que he tenido como norma y conducta de vida; primero, no hago escándalos; segundo, si comparto con un grupo equis tiempo, tampoco me convierto en detractora; tercero, no se sacan los trapos a relucir, eso no es correcto. Uno lo que hace, si cree que ya no es útil en una instancia de trabajo y de aporte a su país, es replegarse y deja paso a otras personas. Pero siempre tuve claro que podía ser una voz disidente, por mi naturaleza, por mi experticia de trabajo y de vida. Nunca he militado en un partido político, entonces tiendo a decir las cosas que hay que decir. No siempre de la mejor manera, porque tengo un carácter fuerte. Lo que sí soy es respetuosa de los otros y de los procesos.
Y también tiene habilidad política, porque acaba de decir que sí, pero también dejó un margen para que uno piense que no.
Mi respuesta ya te la di. La reputación, que es la otra parte de tu pregunta, no me preocupa. Yo fui a conciencia de lo que estaba haciendo, a conciencia de lo que yo represento, probablemente del grupo asesor, la única que ha llevado una institución por 19 años (Vale TV), soy yo. Pero además, de alguna manera, sin tener hábito o sotana, represento a la Iglesia. Por mi cercanía y porque sí, yo fui a conciencia de lo que estaba haciendo. Y me pregunté también, porque soy muy autocrítica conmigo misma. ¿Vale la pena el costo reputacional? Y me respondí: Si no vamos a tener país, ¿Qué importa la reputación?
No quisiera ignorar la mención que hizo al tema geopolítico. ¿Usted cree que el futuro del petróleo y de los hipotéticos recursos que tiene el país se está decidiendo en Venezuela?
Dados los avances tecnológicos, Venezuela tiene un lapso de 20 años para seguir apalancándose en el petróleo, mientras hace un cambio en el modelo productivo. Es hacia donde debería ir cualquier gobierno con tres dedos de frente. Crear un modelo de desarrollo que te permita transitar a otro modelo de país y de sociedad, con mayores equilibrios sociales. Venezuela tiene más del 30% de su territorio sobre yacimientos de cualquier tipo de materiales y de minerales preciosos, radiactivos y no radiactivos, todo el estado Bolívar y todo el estado Amazonas. Eso es una riqueza enorme, mucho más significativa de lo que representó el petróleo durante el siglo pasado, con todas sus consecuencias en el desarrollo del país. En este momento, esos minerales, que están ubicados en esos estados, donde además hay otro elemento fundamental, que son las aguas de grandes purezas, significarían que Venezuela pudiera apalancarse para su desarrollo en los próximos 100 ó 200 años. Eso me hace pensar a mí que si Cuba fue una carga para el mundo siempre, Venezuela es una inversión. La geopolítica juega un papel fundamental, lo ha jugado siempre.

Tomado de: http://prodavinci.com/maria-eugenia-mosquera-no-hemos-logrado-construir-una-esperanza-democratizadora/