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sábado, 28 de septiembre de 2019

Fuerzas Motrices De La Sociedad Larense



Nelson Freitez
@nefreitez

Toda sociedad va generando históricamente en su proceso de constitución como conglomerado humano en un determinado territorio, una identidad básica de sus integrantes, un Estado como contrato de relaciones entre estos y unos grupos sociales e individuos que por su determinada posición social, motivaciones, actitudes, asumen roles de orientadores y dinamizadores del conjunto de sectores que la constituyen.

Suelen captar o motivar necesidades y aspiraciones generales, procesarlas y presentarlas al conjunto social como objetivos compartidos por los distintos sectores sociales, por los cuales merece hacerse, en conjunto como sociedad, todos los esfuerzos hasta alcanzarlos. De estos grupos tienden a emerger los liderazgos de una sociedad, los cuales se van legitimando en la medida que sus discursos, propuestas y actuaciones se van correspondiendo con tales necesidades y aspiraciones y se van consolidando en tanto pueden contribuir a orientar y viabilizar el logro de esos objetivos compartidos.

La sociedad larense ha experimentado dos momentos históricos en los cuales la existencia de tales grupos e individuos y la dinámica que le imprimieron al desarrollo de la entidad, contribuyeron enormemente a la jerarquía económica, social y administrativa que la entidad alcanzó en el siglo XX. El primer momento, se despliega con la construcción y puesta en funcionamiento de un ramal del ´Ferrocarril Bolívar´ que conectó a la ciudad con los puertos marítimos y con el comercio internacional. Con el enorme incentivo de la vía férrea los grupos vinculados al capital comercial y a la importante producción cafetalera de la región, impulsaron una vital transformación de la ciudad expresada en la localización de grandes casas comerciales, la ampliación y mejora tecnológica de sus servicios públicos y en el crecimiento de su población. Barquisimeto incrementó su incidencia en la región centrooccidental, convirtiéndose en un ´nodo de redistribución comercial´ exportando productos generados en sus zonas aledañas, especialmente el café y, recibiendo importaciones para la distribución y comercialización en sus áreas de influencia. Este ´impulso decisivo´ en el desarrollo de la ciudad tuvo expresiones en la educación, en el arte y, en la ciencia, entre otras con los aportes de los Hermanos de La Salle a la arqueología y la antropología en la entidad.

Un segundo momento, en el que los grupos e individuos posicionados estratégicamente frente a las aspiraciones y necesidades de la población, impulsan importantes iniciativas y proyectos que potencian a la sociedad regional, experimentándose importantes transformaciones de la ciudad entre mediados del siglo XX y en la dos décadas siguientes (décadas años 50 y 70). Despuntó con las iniciativas promotoras de la cincuentenaria para ese entonces Cámara de Comercio del Estado Lara, desde la cual se incentiva el surgimiento de la Sociedad Amigos de Barquisimeto (SAB) en consonancia con relevantes campañas por la construcción de infraestructuras viales y la ampliación y transformación de servicios públicos de perentoria necesidad colectiva.

Esta plataforma de convergencia ciudadana (SAB) llega a convertirse en una ´fuerza motriz´ en la promoción y movilización de distintos grupos de la población, interpretando e incentivando aspiraciones colectivas y convirtiéndolas en objetivos, iniciativas y proyectos que llegaron a generar enormes movilizaciones ciudadanas de todos sus grupos sociales, hasta alcanzar propósitos muy sentidos, entre otros muy significativos, como el logro en los primeros años de la década de los años 60 de la construcción y puesta en marcha de 2 instituciones de educación universitaria, las hoy Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado y el Instituto Universitario Politécnico de Barquisimeto, después de casi una década de esfuerzos sistemáticos y crecientes.

Las lecciones que se derivan de ambos momentos históricos para un liderazgo ciudadano del presente pueden ser: adecuación entre las aspiraciones colectivas y los objetivos que se propongan tales grupos de promoción y liderazgo; la legitimidad que van alcanzando en la medida en que trabajan promoviendo la mayor amplitud, participación y consenso entre sus distintos grupos de la población; la credibilidad del núcleo promotor dado su compromiso, constancia y transparencia refrendada por los logros que el colectivo ciudadano puede ir alcanzando con la gestión ciudadana compartida y; la eficacia de sus campañas de promoción utilizando apropiadamente un repertorio diverso de acciones, provenientes precisamente de la iniciativa y creatividad de los distintos grupos de la población que se incentivan.

En Lara, se ha ido gestando históricamente un importante saber en distintos grupos de la población para orientar las bregas ciudadanas por aspiraciones colectivas y objetivos compartidos. Hoy en este siglo XXI, en medio de las emergencias, desarticulaciones y extravíos del presente es más necesario que nunca la emergencia de tales ´fuerzas motrices ciudadanas´ para orientar, promover y contribuir a gestar un futuro deseable, compartido y sustentable para la región y el país.




jueves, 1 de febrero de 2018

"¿Participar o no participar?", por @Ismael_Perez


Por Ismael Pérez Vigil, Politólogo.
26 de enero de 2018


La dictadura ha desplegado su estrategia y convocado a elecciones presidenciales, en marzo o abril próximos. Ya la dictadura no tiene escrúpulo en descubrir su juego, busca forzar la barra, a costa incluso del rechazo y aislamiento internacional. Aparentemente no les importa o es parte de su estrategia de “huir hacia adelante”. Saben que unas elecciones con las condiciones que solicitan la oposición y la comunidad internacional: limpias, imparciales, creíbles, transparentes, las tienen perdidas, por lo tanto, no dudan en darle un palo a la lámpara. Para los capitostes del régimen hay mucho en juego, nada menos que el poder y dejar de disfrutar de los privilegios y riquezas que ahora disfrutan y en algunos casos, la libertad.

La oposición está en un momento de total reflujo, dividida y enfrentada internamente de una manera muy amarga, tras un año de duras derrotas. Sufrimos dos derrotas electorales al hilo, en las cuales una buena parte de la oposición decidió no participar, pero sin plantear ninguna estrategia alternativa, efectiva; nadie ha podido explicar o proponer que había que hacer tras cruzarse de brazos en las elecciones de gobernadores y alcaldes, en las cuales se entregó el poder local a la dictadura. De los radicales abstencionistas no hemos visto ni una protesta, ni una manifestación, ni una acción de calle, nada. Solo estériles discusiones internas, burlas e insultos entre quienes planteamos la participación y quienes promovieron la abstención pasiva.

Las elecciones presidenciales lucen como una realidad indetenible. Sin duda los partidos de la dictadura y probablemente varios de la oposición, participarán, porque la oposición, que no es una fuerza única y homogénea, no le ha sido posible tener una estrategia común. Y del otro lado de la moneda, los electores, una parte de ese tercio del país que ha venido apoyando al régimen, votará; también lo harán una parte de los simpatizantes de la oposición que siguen las indicaciones de los partidos y grupos de electores.

De todas maneras, si la oposición decide no participar, como lo hizo en las elecciones de alcaldes, el CNE y la dictadura se las arreglarán para que “aparezcan” de la nada diez o doce millones de votos por Nicolás Maduro, quien será electo para un nuevo periodo de seis años. De poco servirá el rechazo de Almagro, del Grupo de Lima, de Alemania, Colombia, México, Chile y los Estados Unidos; y aunque se sume la UE poco efecto tendrá, de poco ha servido que desconocieran la Asamblea Nacional Constituyente −con la que la dictadura “se paga y se da el vuelto”− o se hicieran eco de las denuncias de fraude en los últimos procesos electorales. Como ejemplo podemos citar el sonoro fracaso de la propuesta de Almagro de sancionar a Venezuela en la OEA, donde la dictadura igualmente le dio una patada a la mesa retirándose de esa organización.

De manera que, a pesar de que, en términos generales, en la población se nota una gran tendencia a la abstención, producto de la inercia tradicional, la decepción y la frustración, habrá “participación” electoral, que la dictadura y el CNE se encargarán de “inflar” apropiadamente para legitimar el proceso. Y aunque nadie lo legitime, incluida la comunidad internacional, por lo ya visto poco importa, mientras la dictadura tenga la fuerza física y militar y la falta de escrúpulos para mantenerse en el poder.

A lo que nos enfrentamos, al no participar, no es solo a una derrota electoral, que tenemos pintada en el rostro, sino a algo peor, llegar allí haciendo gala de nuestra desnudez política, de la falta de criterios o de la abundancia de ellos, pero sin coherencia, sin una estrategia compartida. Algunos de los embates más fuertes que sufrió la oposición organizada no vinieron del oficialismo, sino de sus propias filas. La siembra de desánimo se inició entre quienes se suponen que comparten una misma causa: rescatar la democracia.

Situación compleja la que vivimos. Como bien dice Leonardo Padrón en su último artículo −Calle Ciega, la Ventana, 25 de enero− enfrentamos un agudo e irresoluble dilema: “Si votamos perdemos por trampa. Si no votamos perdemos por ausencia”. Y de poco servirá que la llamada Comunidad Internacional se vaya pronunciando en contra del proceso electoral convocado. A Almagro, el Grupo de Lima, Estados Unidos, Alemania, Chile, Colombia y México y seguirán otros y se sumará seguramente la UE. ¿Y qué más? ¿Qué otra cosa esta dispuesta a hacer la Comunidad Internacional? Porque el resultado será, aunque no legitima, una prolongación “legal” de la dictadura por seis años más, que a todos afectará, pero especialmente a los venezolanos que nos encontramos dentro de las fronteras del país, en un país que se deshilacha y no garantiza la subsistencia ni la vida.

Quien suscribe va a votar, porque creo que no se defiende el derecho al voto sin votar; la abstención no tiene para mi sentido sino forma parte de una política general, global y en este caso unitaria, en la que participe la mayoría de la población y quien no participe, que por lo menos pueda entenderla y no tenga argumentos para contradecirla.

Las “razones” que tengo para ir a votar no son nada nuevo, todas esas que ya todos conocen; pero no me engancho más en esa discusión de “votar o abstenerse”, porque en este tema no hay “razonamiento” que valga, cada quien tiene sus posiciones tomadas y aparentemente, hasta ahora, inamovibles. Quizás por esta irracionalidad es que estamos como estamos.

Tengo claro, sin embargo, que en este momento mi voto será poco más que un gesto; pero un gesto plenamente cívico, consciente, militante, que le dirá al régimen autoritario que nos rige que tendrá que hacer trampa, robar ese voto. Será también un mensaje a esa Comunidad Internacional que nos contempla y dicta pautas morales desde la distancia en nombre de sus gobiernos; y a toda la oposición, pues se nos pasará factura por la falta de unidad.

martes, 30 de enero de 2018

Alianza Ciudadana promoverá la participación y la organización social en el país, @CreemosAlianzaC




Por Carlos Crespo, 29/01/2018

La organización busca contribuir a la formación de los ciudadanos, articular distintas asociaciones de la sociedad civil y cambiar el “discurso de la desmovilización y la desesperanza”.

Caracas. Luego de un año de activismo y de hacer trabajos de capacitación dirigidos a la sociedad civil la organización Alianza Ciudadana tuvo un encuentro con los medios de comunicación en el que informó su intención de ofrecer tallares para los ciudadanos, así como contribuir a la organización social en las comunidades. “El objetivo es apuntar a la concientización y la formación. Hacer que la gente sea consciente de su propio poder”, indicó el director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello (CEP-UCAB), Benigno Alarcón, organización que está promoviendo el activismo ciudadano.

La asociación ya ha hecho diversas actividades en los estados Bolívar, Táchira, Lara y Aragua. Indicaron que la idea es escoger a un “equipo promotor” en las principales ciudades del país que se encarguen de diseñar una estrategia de articulación social y capacite a los ciudadanos sobre como motivar la movilización social. “Es necesario cambiar la narrativa de la desmovilización, el discurso de la desesperanza, sincronizar las acciones, tener una mayor organización para lograr mejores resultados”.