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domingo, 6 de junio de 2021

Empoderamiento femenino y actividad cooperativa por @edmatute

Por Eduardo Matute

En el ya largo camino emprendido por las mujeres para obtener los mismos derechos ciudadanos de los hombres, lograr el reconocimiento de sus labores y trabajos en igualdad de condiciones y superar las distintas formas de violencia ejercidas contra ellas —y contra otros sectores sociales por razón de su género, color de piel, formas de religiosidad y niveles de ingreso—, las fórmulas cooperativas para la organización de la actividad económica las han acompañado, en medio de sus propias contradicciones y el ambiente cultural en el cual se desenvuelven. Veamos dos ejemplos de cooperativas originarias:

En Escocia, en marzo de 1761, tuvo lugar una primera cooperativa de consumo, constituida solo por mujeres, la Sociedad de las Hilanderas de Fenwick. Su propósito era fomentar altos estándares en el arte de tejer, pero las actividades más tarde se expandieron para incluir la compra colectiva de alimentos a granel y libros. Esta última resultó en la creación de la Biblioteca Fenwick en 1808.

Las tejedoras de Fenwick firmaron su carta de fundación en la iglesia local, que fue considerada un lugar de seguridad y santuario, ante las amenazas de violencia por su determinación.

En la carta fundacional de la Sociedad de las Hilanderas de Fenwick aceptaron «ser honestas y fieles entre sí» y con sus empleadores, hacer un trabajo «suficientemente bueno» y fijar precios «ni más altos ni más bajos de lo que están acostumbrados en las ciudades y parroquias del barrio».

Esta práctica de compra colectiva en beneficio de los miembros hace que esta experiencia sea vista como la primera de característica cooperativa.

La Sociedad se reanudó en marzo de 2008 y se ha reconstituido como una cooperativa, en forma legal como sociedad industrial y de previsión, con el fin de registrar, recoger y conmemorar el patrimonio de las tejedoras de Fenwick.

Desde el lejano 1846, cuando en la sociedad inglesa, se valoraba la propiedad como de posesión exclusiva de los hombres, una mujer hizo historia. Se llamaba Eliza Brierley, tejedora de profesión y en marzo de ese año, en Inglaterra, se alineó en una fila de trabajadores para entregar el equivalente a dos quincenas de salario y poder convertirse en miembro de pleno derecho de la hoy famosa Sociedad Cooperativa Equitativa de Pioneros de Rochdale.

La tienda de los Pioneros de Rochdale había abierto en 1844. La consigna era que cualquiera podía unirse sin restricciones de género, raza o religión, si aportaba una libra (£1); y se beneficiaba por igual, independientemente de su nivel de compra.

En un tiempo en que las mujeres todavía eran «propiedad» de su padre o esposo, no tenían derechos legales ni civiles en el Reino Unido, y eran excluidas de la participación económica igualitaria en la sociedad, Eliza Brierley alentó la participación de las mujeres como miembros de una cooperativa.

Los Pioneros de Rochdale fueron también pioneros en su época en el empoderamiento de la mujer, permitiendo que las mujeres se convirtieran en asociadas de la cooperativa desde el principio, 50 años antes de que un país reconociera el sufragio femenino y 60 años antes de que las mujeres británicas pudieran votar en unas elecciones.

Desde sus inicios, la cooperativa de Rochdale participó en campañas para que el Parlamento de Westminster promulgara una ley que evitara que las propiedades de las mujeres, cuando se casaban, pasaran a los maridos, la cual fue ganada en 1870. De manera más general, se conoce que el cooperativismo británico apoyó decididamente la lucha de las sufragistas.

En 1883 en Inglaterra se creó la primera organización cooperativa de mujeres, la Women’s Co-operative Guild, para proporcionar a las mujeres una voz dentro del movimiento. Muchas de las sociedades tenían un miembro por familia y, como tal, era generalmente el hombre, el que asistía a las reuniones. Esta entidad, aún existente, participó en las campañas por el sufragio femenino, los derechos reproductivos y la igualdad salarial con los hombres. Similares organizaciones, impulsadas y gestionadas por mujeres se encuentran hoy en decenas de países. (1)

Aún hoy, en el 2021, «el ejercicio de la plena ciudadanía de las mujeres –entendido como el desarrollo de la capacidad de autodeterminación, expresión y representación de intereses y demandas y el pleno ejercicio de los derechos políticos individuales y colectivos– continúa restringido en razón de género como resultado de la persistente brecha entre la igualdad de derechos y la ausencia de las mujeres en el poder e instancias de decisión política, que se arraiga en fenómenos de discriminación, tanto estructural como psicosocial y cultural. Ello se profundiza con la prevalencia de normas jurídicas discriminatorias e insensibles a las repercusiones de género, así como restricciones y resistencia a reconocerle a las mujeres sus derechos sexuales y reproductivos» (2).

Nos toca, siguiendo el camino de las mujeres pioneras en el cooperativismo, seguir brindando y ampliando su participación en las entidades cooperativas en la igualdad de condiciones expresada en nuestro valores y creencias solidarias.

1. Coomeva, empresa cooperativa colombiana, mantiene una plataforma de apoyo a la equidad de género, con información y reflexión continua. Se ubica en su página web: coomeva.com/equidad. La información histórica se encuentra en esta plataforma.

2. GUZMÁN STEIN, L., & PACHECO OREAMUNO, G. (s. f.). LA IV CONFERENCIA MUNDIAL SOBRE LA MUJER. Interrogantes, nudos y desafíos sobre el adelanto de las mujeres en un contexto de cambio. Recuperado 23 de mayo de 2021, de https://www.corteidh.or.cr/tablas/a12068.pdf

edmatute@gmail.com

Eduardo Matute es cooperativista.

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