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domingo, 18 de abril de 2021

Sagrado Corazón de Jesús por @Sauljimenezbei1

Por Saúl Jiménez Beiza

La semana pasada fuimos a visitar un barrio cercano a uno de los comedores que acompañamos. Siempre nos llamaba la atención una fila de ranchos, casi a la orilla de una avenida. No lo conocíamos, al adentrarnos en él llegamos a una primera casa para preguntar cómo se llama el barrio y buscar conversación. Casualidad, era la casa de una dirigente vecinal, se llama Abelina. Le manifestamos nuestro interés en conocer el barrio; nos atendió amablemente, el barrio se llama Sagrado Corazón de Jesús.

Luego, nos dijo que si queríamos, recorriéramos el barrio y así veíamos la situación que están pasando; que el barrio es una sola calle larga y sale a otra avenida. De esa forma fuimos haciendo el recorrido y Abelina nos iba señalando cómo viven sin ningún tipo de servicio público en casas de latón y madera que sufrieron daño al caerse unas ramas de los árboles grandes y que destruyeron seis ranchos.

Abelina nos fue indicando que Protección Civil fue el día domingo, cuando pasó la tormenta, y solo ayudó a terminar de desarmar los ranchos y trasladar a las familias para otros ranchos de habitantes del mismo barrio; cortaron unos árboles que estaban en peligro de caer e informaron que no podían hacer más nada porque ellos no tienen recursos. Si sucedía algo grave, que volvieran a llamarlos para ellos regresar.

Caminando, llegamos al primer rancho donde tenían refugiados a la familia Tiberio: mujer de 34 años con seis hijos de entre 20 años y cinco meses de edad; su hija Anabella de 20 años con dos niños, uno de tres años y el último de seis meses. No viven hombres en la casa y los vecinos están haciendo colectas para armar de nuevo su rancho, porque donde los ubicaron es con una familia de seis personas.

Luego, llegamos al rancho de otra dirigente vecinal, la señora Francia; otra persona muy amable y agradecida por la visita que les estábamos realizando. Íbamos caminando y hablando con Abelina sobre la situación del barrio y dice que este barrio tiene 13 años de fundado y que nunca han venido de algún organismo para ver sus necesidades.

Ellas participan del Consejo Comunal, Comité CLAP, también en las misiones, Madres del Barrio, además son milicianas, es decir, le sirven al gobierno. Les preguntaba si hablaban de esta problemática con sus compañeros del gobierno para tratar de que les metan los servicios al barrio y puedan mejorar sus condiciones de vida y no tengan que estar cargando agua a varios metros de su casa. Su respuesta fue que no se interesan y señalan que no hay dinero para esas obras. Cuentan con electricidad porque ellos mismos se trajeron una conducción eléctrica y colocaron un transformador y por eso es que tienen el servicio, sus necesidades fisiológicas las realizan en el patio de sus casas.

Así llegamos a la casa de Gladys, una joven mujer de 26 años con cinco niños a cuestas, el mayor de 13 años; otra de 11, uno de cinco años, dos años y la última de 11 días de nacida. Madre sin pareja que, además, comparte el rancho con su mamá que sufre de epilepsia y con una hermana con dos niños, de cuatro y un año. A ese rancho se le voló el techo y entre varios vecinos lo recuperaron y lo colocaron de nuevo.

Al preguntar si los niños van a la escuela, un 40% señala que no, porque no tienen cuadernos para hacer sus tareas y con el covid-19 las tareas las envían por celulares y ellos no cuentan con ese equipo.

La otra alternativa es entregar esas tareas escolares por escrito y no tienen hojas para llevarlas a las maestras, es decir, que se continuará con la línea de pobreza de sus padres y que no saldrán de ese círculo vicioso de la pobreza extrema que no les permite su desarrollo integral; y sin un gobierno que tenga políticas acordes para sacar a estar familias de la pobreza extrema, que no es solo por no tener qué comer sino que no cuentan con los servicios básicos. No tienen viviendas adecuadas ni acceso a la educación, sin servicio asistencial a pesar de tener un CDI a 400 metros, pero que no cuenta con los insumos médicos necesarios para los habitantes del barrio.

Ver todos estos cuadros en un país petrolero, minero, con una de las mayores reservas de agua del mundo es, por lo menos, decepcionante. Quizás, por una parte no exista la disposición política nacional para hacerlo, por otro lado los gobiernos intermedios funcionan como un cascaron vacío.

Es indudable que somos las organizaciones de la sociedad civil las que con los pocos recursos que conseguimos y los apoyos que logramos las que podemos apuntalar el trabajo en estas comunidades para levantar la moral a sus habitantes, para que ellos puedan ir avanzando en la búsqueda de su propio desarrollo con el apalancamiento que se logre realizar desde afuera.

Fuimos a llevarles algunas sábanas, cobijas, zapatos, pañaleras para los bebés; algo de comida, mientras se consigue el apoyo de algún otro organismo al cual le hemos escrito.

En esa entrega empezamos a conversar sobre la forma de organizar el barrio y que se pueda hablar de huertos familiares que les permitan producir algunos productos de la dieta diaria, ver perspectivas de emprendimientos y de esa forma impulsar un mínimo de desarrollo, porque las respuestas deben ser desde aquí y desde el ahora. No creo que se tenga que esperar que las condiciones del país cambien para poder trabajar dentro de estas comunidades.

Saúl Jiménez es presidente de la asociación civil Casa del Nuevo Pueblo-Carabobo/CESAP.

sajidb47@yahoo.com.ar


domingo, 24 de enero de 2021

Cómo reorganizar nuestras actividades en Venezuela por @jrhernandez381

Por José Rafael Hernández

Las preguntas surgidas desde el final del último trimestre han sido múltiples: qué hacer con nuestras actividades, cómo hacerlo, quién orienta nuestra acción, por qué llevamos 22 años trabajando por el cambio y un sector con el 15% de apoyo nos sigue gobernando, quiénes han orientado nuestras actividades en los últimos tiempos, hicieron autocrítica, continuaron con una visión errada de tácticas y estrategias y nosotros, qué somos, con quién trabajamos, para quién todo nuestro esfuerzo.

Hemos de reorganizar nuestros esfuerzos, replantear quiénes son los amigos de nuestros sectores y desde dónde provienen las ideas correctas.

Primera pregunta: ¿somos sociedad civil?

Trabajamos por los sectores populares, trabajamos para resolver algunas de las urgencias de esos sectores. Nos interesa su futuro, sus exclamaciones, sus gritos. ¿Somos parte de esos sectores?

Segunda pregunta: ¿qué padecen las personas cerca de nuestra actividad?

Necesidades de los sectores donde trabajamos: hambre, salud, vivienda, educación, información, libertad de organizarse

Tercera pregunta: ¿cómo hacer llegar apoyos concretos a esos sectores?

Nos organizamos como un sector afectado. Recibimos apoyo de otros sectores, promovemos apoyo de sectores del país, promovemos apoyo de otros sectores desde el extranjero.

Cuarta pregunta: ¿quiénes se organizarán para ese apoyo?

Nosotros como afectados. Nosotros y otros sectores externos, sectores contactados desde dentro, fuera del sector y de apoyo mundial. Otros nos vienen a apoyar.

Quinta pregunta: ¿quiénes promoverán organización para cambiar la situación?

Nosotros y sectores más politizados. Sectores más politizados del sector, sectores que ofrecen salidas sin que sepamos quiénes son, sectores más politizados del país, sectores desde fuera del país.

Sexta pregunta: ¿cuál es el contenido de las reivindicaciones para el cambio?

De nuestras necesidades y las de otros también afectados. De los diseños de sectores no conocidos en el sector, de un diálogo entre nuestras necesidades y los diseños de expertos. No sabemos desde dónde se originaron los caminos para el cambio.

En resumen, muchas reflexiones necesarias para reorganizar nuestras actividades. No preguntamos si seguir haciéndolo. No preguntamos si el plazo para el cambio es a corto o largo plazo.

Lo importante es seguir oyendo las exclamaciones de las mayorías que cada vez la pasan peor y nosotros –dentro de ellos– seguimos trabajando para que esas situaciones no existan, para que esas situaciones dejen de existir en una civilización que no merece lo que estamos padeciendo y que cada día empeora.


domingo, 3 de febrero de 2019

Yo lo que pido es…@jrhernandez381


Por Rafael Hernández


En algunos conversaciones, se me pregunta…”Ustedes, que es lo que piden para su país”. Yo asumiendo un resumen de tal cuestionamiento planteo:

Yo pido que pueda ir a comprar alimentos y conseguir los mismos en las condiciones y marcas que deseo

Yo pido que en el local de las farmacias, consiga las medicinas para mi mamá, mi tía o para mí en las condiciones normales de abastecimiento regular para garantizar mi vida

Yo pido que en los momentos en que comienza a irse la luz del sol, pueda mantenerme en cualquier sitio del país sin riesgo de ser asaltado, hurtado, violado o golpeado por personas que quieren apropiarse de mis cosas y de mi vida

Yo pido que en la Universidad Central, o en cualquier otra universidad, volvamos a tener el número de profesores y estudiantes con entusiasmo y con un proyecto de país en el que queramos todos aportar para construir un mejor país

Yo quiero que pueda tener zonas verdes cuidadas, que logre una vía adecuada sin huecos, iluminada, quiero poder ir de un lugar a otro en mi parroquia con algunas garantías

Yo aspiro a no tener 27000 muertos por los hampones, los choros contra la población

Yo pido poder tener varios diarios en los kioskos con suficiente variedad y libertad para escoger quiénes me informen y con cuál orientación

Yo pido un país en el que pueda moverme de un lugar a otro con líneas de transporte que funcionan regularmente para las comunicaciones entre el territorio nacional

Yo pido promover la reparación de miles de autobuses del gobierno parados por alguna avería y no son atendidos por las autoridades gubernamentales

Yo pido tener médicos, enfermeras, alcohol, analgésicos y medicinas en todos los hospitales. Basta de tener miedo de ir a un lugar público de salud a morir por no lograr las condiciones mínimas para ser curado

Yo pido lograr unas escuelas y liceos con maestros adecuados, profesores adecuados, con suficiente abastecimiento para laboratorios, bibliotecas, internet para todos los estudiantes.

Cosa más ordinaria en un país democrático, una manifestación por cualquier cosa y que cuente con el acompañamiento de la policía. No la represión, no la persecución de sus promotores.

Yo pido tener un país en el que tenga permanentemente luz

Yo pido tener un país en el que tenga gas para cocer mis alimentos

Yo pido comunicaciones claras por vía telefónica y una red de internet que nos permita estar a la altura de las conexiones en el país y con otros, ubicados en países cercanos o lejanos

Yo pido estar abastecido del agua, más en un país con tantos ríos, me niego a no tener que poder estar bañado con agua corriente más de la mitad de los días de la semana

Yo pido tener parques, plazas y otros sitios para pasear, pensar, lograr bajar las presiones. Con suficiente protección para sus visitantes y con atención a sus instalaciones.

Una serie de cosas. Normales. Todas urgentes. No es un programa de gobierno. Es una llamada de atención. Porque nuestra calidad de vida ha caído en estos años de “Revolución Bonita”. Cuando me indican cuales son las urgencias para el Presidente Guaidó les indico, está fácil, no queremos sino una serie de cosas que muchos teniamos antes y ahora las esperamos desde barrios y urbanizaciones de un país bello y con muchas posibilidades, Venezuela.

Publicado por: RH