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domingo, 28 de marzo de 2021

Bicentenario

Por Rafael Viloria

Por estos tiempos del siglo XXI, este año, el gobierno nacional ha dado inicio a lo que se denomina como el bicentenario de la batalla de Carabobo, ya a 200 años de haberse llevado a cabo en Valencia, Venezuela.

Ante tan relevante acontecer histórico se hace necesario reseñar también hechos vinculantes; las actuaciones de quienes tuvieron que ver con todo lo relacionado al bicentenario, que este junio será celebrado como acto patrio de manera especial, quizás, para el gobierno nacional.

De los acontecimientos precedentes es necesario citar:

«¡Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!»

Destaca que al momento del juramento, allá en Roma, en el Monte Sacro, el joven caraqueño Simón Bolívar tenía escasamente 22 años de edad. Además, tuvo como testigo al también joven caraqueño, su maestro Simón Rodríguez, su «Robinson», como solía llamarle. Demasiada juventud para tan profundo acontecimiento político.

Tras 25 años, alcanzó la trayectoria del joven Bolívar hasta que muere el 17 de diciembre de 1830 en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, Colombia. Allí fue atendido en su estado final a causa de la tuberculosis por el médico Próspero Reverend.

Mantengo el criterio de que muchas veces la historia no es de quien la hace y quien la vive sino de quien la escribe. Si no preguntémosle a Jesús de Nazaret.

Diciembre de 1830 sorprende al todavía joven Bolívar con su tuberculosis, desterrado, refugiado. Expuesto a la más precaria miseria humana, sin amigos; política y militarmente derrotado, traicionado sin límites. Es allí donde ya con el título de Libertador ganado en Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, decide el 10 de diciembre de 1830 escribir públicamente lo que fue y seguirá siendo su última proclama.

Este último documento afortunadamente conserva la vigencia del pensamiento de Simón Bolívar; no bolivariano, como algunos seudodirigentes que nada tuvieron que ver con su pensamiento lo llaman, son los que ahora quieren ocupar espacios que no les pertenecen, entre ellos hay que citar a Zamora, los hermanos Castro, Cipriano Castro, coronel Chávez y otros que se están preparando entre los demás.

Sería muy importante que, como parte del contenido histórico, fuese incorporada la «última proclama» que fue presentada siete días antes de la muerte del Libertador. No es necesario ser un estudioso de las ciencias sociales para obtener una conclusión de las causas, efectos y consecuencias que ayer originaron lo que todos sabemos está claro.

«¡Colombianos!

»Habéis presenciado mis esfuerzos para plantear la libertad donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con desinterés abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiabais de mi desprendimiento.

»Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado: mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono.

»Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia; todos deben trabajar por el bien inestimable de la unión: los pueblos, obedeciendo al actual gobierno para libertarse de la anarquía; los ministros del santuario dirigiendo sus oraciones al cielo; y los militares empleando sus espadas en defensa de las garantías sociales.

»¡Colombianos!

»Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. ¡Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro!»

Para el Libertador no había duda alguna de la triste realidad. Los intereses políticos dieron al traste con el proyecto de la Gran Colombia. En consecuencia, en Carabobo no hubo triunfo sino derrota. En consecuencia, nada hay que celebrar, sí mucho que lamentar.

Hay que volver a Carabobo a rescatar la fe, la confianza y la esperanza de conquistar la dignidad perdida de la libertad y la puesta en marcha de una auténtica revolución social, democrática, que a la postre permita que el Libertador baje tranquilo al sepulcro.

Rafael Viloria es expresidente de Central Cooperativa Nacional de Venezuela (Ceconave)

rafael_viloria45@gmail.com

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